22. India 2012. De Gangtok a Namchi.

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Monjes rezando en Namchi.

      Día 10 de octubre.
Después del día un poco tonto de ayer hoy amanece con lluvia: ni vistas del Kanchendonga, ni nubes. Lluvia.  Y eso puede arruinarte un viaje, aunque cuando viajábamos en julio a este país ya sabíamos que nos íbamos a encontrar con los monzones. Pero hasta ahora, al margen de los obligados cambios de plan de viaje, hemos tenido bastante suerte.

Y la lluvia ha traído como consecuencia que no hayamos podido desayunar en la terraza, una de las cosas buenas de este hotel.
Nos vamos a Namchi, pero antes sacaré los billetes de tren. En Gangtok, como en otros lugares semejantes, aunque no haya ferrocarril, sí hay un despacho de la  Indian Railways (IR) donde se pueden comprar los billetes anticipadamente. Ayer por la noche busqué en internet distintas alternativas de diferentes trenes porque es algo que me da un cierto pánico: enfrentarme a un empleado de la IR que está detrás de una ventanilla con un agujero al nivel del mostrador y de un tamaño por el que no cabe más que un puño (con el dinero del billete). Porque como ya lo he explicado otras ocasiones debes saber el día en el que quieres viajar, la clase de asiento, tu nombre, sexo y edad, datos que por supuesto conoces, pero también el número del tren. Que todo eso debes reflejarlo en el formulario   de petición de billete que debes introducir por el agujero de la ventanilla. Y puede ocurrir, y normalmente ocurre, que para esa fecha no haya asientos del tren que has pedido. Entonces tienes dos alternativas: si el empleado no es colaborador debes decirle que pruebe con otra clase de asiento –como extranjero no tienes muchas opciones-, otro día u otro tren, en cuyo caso debes conocer los números de los trenes alternativos. Muy, muy complicado. Yo, por si las flais, suelo llevar tres formularios rellenos. La otra opción es que el empleado sea colaborador y te ayude a buscar lo más parecido a tus deseos. Porque puede ocurrir que el tren que quieres llegue a las 9 de la mañana  a Calcuta, por ejemplo, pero en el que hay billetes llega a las  3 de la mañana. ¡Vaya putada si compras unos billetes así! O que en lugar de tardar 12 horas tarde 34. Que no es que llegues al día siguiente, es que llegas al otro.

Pues hoy he tenido suerte: he encontrado a un “empleado colaborador”, y para el recorrido de NJP a Calcuta he conseguido una buena alternativa  a mi primera petición (fallida), y para el tramo de Calcuta a Delhi   el que yo quería. Para compensar la ventanilla tenía el diseño más mal parido que he visto en mi vida.

Y encima no ha habido nadie que se haya querido colar. O casi, porque cuando me iba a tocar a mí hay uno que lo intenta. Le digo que “eso” es una cola,  pero como veo que no se arredra y a pesar de su aspecto sikimés le digo (o como dicen en las novelas le “espeto”): “eres bengalí, ¿verdad?” Y ha sido como si le hubiese pegado una patada en la entrepierna, esa cara ha puesto de lo mal que le ha sentado.

Nos despedimos con pena del hotel: hemos estado muy bien y el personal de recepción  ha sido extraordinariamente amable. Antes de salir a la calle Krishna, el recepcionista sikimés, me pregunta:”Where are your car?”. Tenía que haberle dicho que “my car” estaba en España.

Viaje en jeep compartido.

Hay dos niveles en la estación de «jeeps compartidos» en esta ciudad. En uno está los que van Rumtek, por ejemplo, que te cobran en el mismo vehículo y que  sale cuando está lleno.  En el otro es de los que salen –teóricamente- a horas fijas, compras el billete en un quiosco  y te asignan un asiento. En Sikim lo estándar es que viajen diez pasajeros y el conductor: cuatro en la fila última y en la del medio y dos en el asiento al lado del conductor. Los peores dadas las condiciones de las carreteras y el estado de la suspensión de los coches son los traseros. Los dos delanteros son buenos si viajas en pareja pues depende de cómo sea la palanca del cambio de marchas: hay veces que tiene un recorrido en falso –o sea que se mueve sin realizar ninguna acción-de más de 30 cms y si es así al cambiar se te lleva la pierna por delante por lo que tienes que estar con tus piernas casi metidas entre   las de tu acompañante, sea tu pareja o no. Mejor que lo sea. Para evitar suspicacias.

Antes de subir al coche Marisa ha observado que todos los conductores de jeep son muy jóvenes. (¿Morirán pronto?). Pues hoy nos ha tocado el mayor de todos los viajes. Más de 40 años. Pues no solo ha corrido más (la carretera tenía mejor piso que otras) sino que la parte final del viaje la ha hecho conduciendo con una sola mano.

El viaje dura tres horas y se hace una parada de 15 minutos, lo justo para un té y unos momos. El paisaje, cuando lo dejaba ver la niebla, que ha sustituido a la lluvia, era precioso: grandes bosques, helechos arborescentes y al pasar por Temi plantaciones de té.

En Namchi, nuestro destino, la guía recomienda dos hoteles que deben ser preciosos pero que están a 4 y 7 kms respectivamente y cita otro en la ciudad del que dice que es “decent but slightly scruffy concrete place”, lo cual no es muy alentador pensando que “scruffy” significa desaliñado y zarrapastroso, aunque la calificación de “slightly” rebaje ese nivel de “zarrapastrosería”. Para compensar dice que tiene el restaurante más agradable de la ciudad.  Pues allí nos hemos ido. Breve regateo y nos quedamos con una habitación con la esperanza de ver mañana la montaña.

Aunque aquí se viene solo a ver dos famosos monumentos nos acercamos a la oficina de turismo  y nos recomiendan la visita a dos “gompas”  cercanos. Camino de esos monasterios nos encontramos con un monje con dos niños y su padre, el padre del monje. Pues resulta que los niños son hijos del monje.  ¿Pueden estar casados? Se lo he preguntado pero no me ha entendido. Era gracioso ver al abuelo y al padre acompañando a los niños a la salida del colegio. Pienso que a lo mejor el abuelo era también monje y formaban  parte de una secta de monjes casados.
Entramos en uno de los monasterios y ha resultado ser una maravilla. Al poco de llegar un novicio golpea un gong y entran en grupo en el interior  del templo donde estamos entonces nosotros. Uno de ellos me invita a que nos sentemos y empieza la ceremonia.

A mí estos actos me dejan como hipnotizado y podría quedarme horas sin moverme.

Esta vez lo curioso es que todos los monjes son muy jóvenes.  El mayor debe tener unos 30 años   y además contrariamente al rapado habitual budista lleva melena. Cantan y recitan con mucho entusiasmo y de vez en cuando se ponen a tocar los instrumentos formando una algarabía terrible: trompas y trompetas, caracolas, platillos y tambores.  Y como los que tocan son los más jóvenes de todos,casi niños, se ve que se lo pasan en grande. Mañana volveremos.

Vuelta por el pueblo, internet, cena ya a dormir temprano que aquí a las 5 y media ya es de noche cerrada.  Y a esperar que mañana esté despejado aunque la predicción del tiempo dice que todavía habrá lluvia.

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