19. La India 2012. Lingdum.

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Educar en valores (o en valor).

8 de octubre.

Los borradores de estas crónicas me sirven como escrito definitivo antes de pasarlos al ordenador.  L0s escribo cada noche a partir de alguna nota que he tomado a lo largo del día y de los recuerdos que tengo en ese momento.  Hay días en que por las circunstancias del viaje  no puedo hacerlo esa misma noche y lo hago al día siguiente. En raras ocasiones dejo sin escribir el borrador y lo recupero  aprovechando una parada inesperada o algún largo viaje en tren.

Pues este año se me ha escapado  un día: hoy precisamente. Así que tengo que acudir a los recuerdos de ese día  y a las fotos que hizo Marisa,  que hizo y no borró: 254.

Así no sé si como estábamos en Gangtok hubo un amanecer precioso  o totalmente nublado, si fue un día fausto o infausto. Sí que fuimos a visitar el monasterio de Lingdum y que mañana al acabar la visita de Rumtek seguí pensando que prefería el  primero al segundo. Así que miro las fotos y…

El amanecer fue glorioso: el sol iluminando el Kanchenjunga a las 5 y media de la mañana.   O sea que hubo madrugón pero mereció la pena. Además aquí gozamos de las vistas desde la misma habitación del hotel  y hacía tan bueno que pudimos desayunar en la terraza, una de las mejoras cosas de este viaje.

Una de las fotos que veo es de una puerta de una habitación del hotel.  En la India muchos muebles  son de  madera-madera, o sea que nada de aglomerados,  pero también  hay muchos de estos y con una particularidad: las planchas de aglomerado suelen tener impreso el nombre  del fabricante  y otros datos como el nombre comercial, medidas, características, etc. Pues toda esta información escrita no la ocultan en la parte no visible sino que aparece en mesas, puertas, cabeceros de cama…como si fuese un marchamo de calidad. Vaya, lo que hacemos aquí cuando llevamos el nombre del fabricante del calzado  o de la camiseta en letras bien grandes.

Para ir a Lingdum se coge un “shared jeep” de los habituales, o sea que parte cuando está completo. Y como no para en el mismo monasterio hay que advertir al conductor que te deje en el sitio más cercano. Como no sé si se ha enterado, cuando creo que ya estamos próximos   se lo repito varias veces. Afortunadamente no sabe decir lo de “¡qué sí hombre, qué sí, qué ya me he enterado!”. Y si lo ha dicho no me he dado cuenta, que seguro que lo ha hecho. Porque ellos tienen una paciencia budista pero yo tengo una obstinación cristiana.

El coche te deja en un punto de la carretera desde donde sale una senda que en 5 minutos llega a un colegio que debes atravesar. Por si vienes: la escuela secundaria de Ranka. En una pizarra de las antiguas, de las que se escribe con tiza, está el menú de la comida de lunes a sábado. Tiene tres componentes: todos los días arroz blanco hervido, además cinco días lentejas, cuatro patatas,…

Por supuesto sin carne, ni pescado, ni huevos. A muchos de nuestros escolares inapetentes les vendría bien pasar un curso en esta escuela.

De este colegio parte una senda por en medio de un tupido bosque y en unos 10 minutos se llega al monasterio de Lingdum si…si no te equivocas, que es lo que hemos hecho nosotros. O mejor, lo que he hecho yo, que iba delante. Así que en 25 minutos (la datación es precisa por los datos EXIF) no llegamos a Lingdum si no a Chaksam Gompa, un pequeño monasterio que aparece en un claro del bosque, rodeado de campos de  arroz.  Aquello parece desierto o por lo menos no hay ningún monje en ese momento.  Menos mal que ya habíamos estado en  Lingdum antes y sabíamos que no era ese  porque si no regresamos tan contentos a Gangtok. Pero aunque no era la meta de nuestro viaje ha sido una sorpresa preciosa; realmente ha merecido la pena.  Además el estar solos permite a Marisa hacer fotografías con toda tranquilidad y el entorno es muy bonito.

Hay un señor trabajando en el campo  que nos confirma que nos hemos extraviado  y nos indica el camino para Lingdum: a unos 5 minutos. Seguimos la senda a través de campos de arroz en terrazas y algún bosque y…nos volvemos a perder. Menos mal  que damos con una casita donde una señora un tanto sorprendida de nuestra presencia y que no habla ni una palabra de inglés pero  sí entiende que queremos ir al monasterio nos dice que no es por allí. Desandamos lo andado hasta que damos con el verdadero camino y así llegamos a Lingdum. Pero aquel monasterio no es Lingdum-Lingdum. Es bastante grande y un poco deteriorado por el último terremoto y también parece desierto. Casi da miedo. Afortunadamente acude un monje a mis gritos de “¿hay alguien aquí?”. O algo así.  Y él si nos pone en la pista de Lingdun donde llegamos una hora y 40 minutos después de pasar la escuela.

Poco  antes de llegar encontramos en el camino a tres aplicados novicios haciendo caligrafía tibetana. Viendo el cuidado y la dedicación que emplean entiendo lo bien que escriben con caracteres latinos cuando le pido a alguno de ellos que me escriba su nombre.

Lingdum.

Este monasterio se llama realmente Zurmang Kagyud y el actual jefe es Gharwang Rimpoche quien es la decimo segunda “reencarnación sucesiva” (?) de Zurmang Gharwang.

En el interior del templo principal están colocados todos los elementos de los rezos y ceremonias  de los monjes de una manera muy escenográfica  pero no está permitido hacer fotografías en el interior por lo que Marisa, que es muy mirada (yo no tanto), se tiene que contentar con hacerlas desde el exterior.  Por algo la guía dice que hay una “magical atmosphere”.

Lo malo es que el letrero de  “Prohibido  hacer fotografías”  está delante de la fotogénica puerta. Pero lo han hecho sin maldad. Pido permiso al monje conserje o secretario o algo así para desplazarlo, se queda un poco sorprendido pero me  dice que “yes”.

Alrededor del gran patio algunos novicios están estudiando bajo los soportales.   En este mundo de delgados te sorprende encontrarte con un  niño gordito.  No sé si aquí estará discriminado como en España o será la envidia de sus compañeros.  Sí se le ve al pobre como cansado pues es el único que estudia apoyado en una columna.

Al salir del complejo vemos un nuevo y gran edifico todavía sin acabar. Me sorprende el afán constructor de estos lugares.

Dejamos el monasterio y por el buen camino llegamos en 10 minutos al punto donde nos dejó el jeep.  En la carreta un letrero con el lema de la escuela de Ranka: 1-Disciplina. 2-Dedicación. 3-Determinación. Con estos tres elementos seguro que los rankeses triunfarán en todo lo que se propongan.

Tras un rato de espera cogemos un jeep de regreso a Gangtok. Debe ser la hora de salida del colegio porque por el camino cogemos y dejamos a escolares pues parece que en esta carretera, a pesar de no atravesar ningún pueblo grande, hay varias escuelas y muchas casas diseminadas Se ven también a muchos de ellos andando de regreso al hogar. Nos sorprende porque algunos son niños muy pequeños  y van solos o en  grupos de 2 ó 3.

En Gangtok nos recomiendan  un restaurante y allí vamos a hacer la comida-merienda-cena. Efectivamente está muy bien y lo pasamos a la condición de “nuestro restaurante favorito de Gangtok”.

PD.
Veo que leyendo mi crónica parece que a Lingdum hay que llegar andando. No, es solamente si vas con transporte público, pero si tienes transporte propio llegas hasta allí mismo sin problemas.

Final.
Quizás dentro de unos días o unos meses encuentre las notas que escribí este día y pensaré que me dejé un montón de cosas pero ya no hay marcha atrás.  Como los cuadernos del Sr. Bárcenas.

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