
Cementerio de San Andrés.
3 de octubre.
Estoy escribiendo el borrador de este post en un hotel de Darjeeling al que es la tercera vez que vengo. Es un establecimiento con un encanto especial y con unas habitaciones enormes. Y con una relación calidad/precio estupenda, quizás para compensar que el hotel que hemos dejado en Kurseong tenía la peor.
Hoy ha sido el día de las decepciones. Espero que no nos vuelva a ocurrir aunque estos viajes siempre están llenos de incertidumbres.
La visita a Kurseong tenía dos motivos especiales: ver una plantación de té que la guía recomendaba y viajar desde esa ciudad a Darjeeling en el “toy train”. Y aunque no suelo hacer recomendaciones sobre cosas concretas esta vez sí lo haré.
Makaibari: “Cualquiera que esté interesado en el té debería visitar esta propiedad que produce té orgánico. La factoría está abierta a los visitantes y entre las máquinas de clasificación y las secadoras y los verdes campos de los arbustos te puedes encontrar con el propietario, el gurú local del té Rajah Barnejee”. Más o menos.
La plantación está a unos 4 km del centro aunque el propietario del hotel nos ha dicho que a unos 20 minutos andando: él obviamente no ha ido nunca o lo ha hecho en coche. Por supuesto todo el mundo conoce ese lugar y todos te dicen que se debe visitar. Y como es cuesta abajo el camino es muy llevadero. La guía recomienda que para regresar, como es cuesta arriba (pero muy, muy cuesta arriba, que en inglés se dice “much steeper”), cojas un taxi compartido desde un lugar que está a un kilómetro de la plantación y donde hay un hotel de los de “encanto”. Este, como la cuesta, parecía de “mucho encanto”. En inglés “quirky, charming boutique hotel”.

En el camino, que es la carretera a NJP y Siliguri, varios colegios de monjas y un cementerio, el de St Andrews, de la época de los plantadores de té británicos, de la época colonial. Afortunadamente estaba abierto y hemos podido dar una vuelta. Nada que ver con el de Park Street de Calcuta ), pero el entorno era impresionante. Las pocas cruces que se ven estaban cubiertas de altas hierbas y quizás haya muchas tumbas pero era tal la cantidad y la densidad vegetal que solo podías acercarte a las que estaban al borde del camino.

Una inscripción: “A la memoria de W. A. C. GIBBON ‘Tea planter’ quien murió en Sepoy Doorah el 19 de mayo de 1876, a los 20 años”. Otra: “Sacred to the memory of James Robert Sale Henderson / Colonel Madras Staff Corps / Commandant XI Regiment M. N. I. / Died 6th October 1881 Aged 52”.
Seguimos nuestro camino, pasamos la entrada de la plantación de té Castleton y me hubiese gustado entrar a visitarla pues es un té que he bebido en alguna ocasión. Lo malo es que la niebla que sube por el fondo del valle impide ver cualquier cosa.
Pasamos por delante del colegio Belle Vue, que no debe ser de monjitas, pues su lema es “Knowledge is divine”. Menos mal que los fundamentalistas que todos sabemos no han leído ese letrero porque si no le prenderían fuego.
Llegamos a la plantación y un joven amable nos hace poner unas pantuflas, gorro y mascarilla como si fuésemos a operar a alguien. Te los cobran, pero no te clavan. Y en 15 minutos, sin ningún entusiasmo te enseña aquello. Y encima no sabe nada de té. No ves ni una mata de la plantación, ni, por supuesto, al famoso gurú. Eso sí, al salir hay una tienda donde sin ningún preámbulo te intentan vender unos saquitos de papel –imagino que con té dentro- que son una monada. En cualquier tienda de Darjeeling te dan más explicaciones y te enseñan más sobre el negocio del té que en la famosa plantación de Makaibari, donde no solo hemos parado nosotros sino todos los que van en coche de Siliguri a Darjeeling.

El kilómetro de subida hasta la parada del taxi compartido ha sido, como dice la guía, “much steeper”. Pero «much, much». Y encima a Marisa se le ha despegado la suela de un zapato. Menos mal que en la India eso tiene fácil solución.
Aunque creemos que no habrá problemas con el billete del tren volvemos por cuarta vez a comprarlo como “venta anticipada”. Nos dice que volvamos más tarde. Hacemos tiempo y cuando vamos a sacar el billete nos cobran tarifa completa. Le digo que somos “senior citizens” y que por ello tenemos descuento. Me contesta que eso es solo para la venta anticipada y que ahora ya es venta con salida inmediata. Le explico, aunque él lo sabe, que hemos intentado comprarlos cuatro veces antes y que siempre me ha contestado que volviese más tarde. Por supuesto que ha debido explicarme las normas administrativas de la RENFE india –que no he entendido- y que tenía que cobrarnos tarifa completa. Le digo que si conoce el slogan del turismo indio: “INCREDIBLE INDIA”, pues esto sí es “Incredible India”. Y lo que ha sido todavía más “incredible” es que al tío le ha sentado tan mal que nos ha dicho que nos cobraba el billete de 2ª clase -27 rupias frente a las 150 de 1ª- pero que nos daba asiento de primera. Pues al final hasta nos hemos dado la mano a través del agujero de la ventanilla. La verdad yo con un poco de miedo pues pensaba que quizás me clavase la grapadora por ser tan borde con sus sentimientos patrióticos.
Sobre las tumbas.
Un amigo de mi pueblo me contó la extraña fijación de un profesor de nuestra infancia que a pesar de ser un hombre de gran formación, al que creíamos volteriano y al que admirábamos mucho que cuando pensó que estaba cerca de la muerte su obsesión era encontrar a alguien que tomase las medidas oportunas para tener una “tumba a perpetuidad”. Ya sabes que cuando se cumplen un numero de años te llevan de tu tumba al osario.

¿Para qué querría aquel ilustre e ilustrado personaje una “tumba perpetúa”? ¿Le parecería poco perpetua la muerte?
Viendo el camposanto de St Andrews pensé en aquella historia. Los que allí reposan tienen todos “tumbas a perpetuidad”, aunque debido a la densidad de la vegetación y a lo húmedo que era todo aquello, no creo que haya nada allí más que la piedra que cubre sus tumbas.
Etiquetas: cementerio de San Andrés, Kurseong