8. La India 2012. De Calcuta a NJP.

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Panel de la estación de Calcuta.

1 y 2 de octubre.
Nuestro tren, como todos los de la India, tiene un número y un nombre. El número es útil porque es el que aparece en todos los letreros luminosos y el nombre porque aquí todos conocen el tren por el nombre. Así no le puedes preguntar a nadie, a no ser que sea un ferroviario entregado a la causa,  si sabe de dónde sale el tren 15959, aunque sea su tren, pero sí por el “Kamrup Express”. Que además con ese nombre ya hace emocionante viajar en él: “Me voy a New Jalpaiguri  en el Kamrup Express”.  Es como el comienzo de “Crónica de una muerte anunciada”: «El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros”.  Aunque luego fuese una mierda, que no lo es, solo con ese arranque ya lo tiene todo ganado. Pues parecido con el “Kamrup Express”. Ya he contado en alguna ocasión la huella que me dejan el nombre de ciertas ciudades: solo por su fonética ya tengo ganas de conocerlas. Pues lo mismo con los trenes.

Pues allí estamos Marisa y yo y nuestro equipaje en el andén 8 junto a una multitud de viajeros  esperando el tren.

Sobre los números.

Damos por supuesto que en todo el mundo se utiliza  la numeración arábiga, o al menos así la llamábamos en el colegio y ese adjetivo se ha quedado indisolublemente unido a dos palabras: numeración y goma. Quizás ahora ya no se llama así ni la numeración ni la goma.

Pues aparte de que los números en árabe no son como los nuestros, muchas gentes y países utilizan otras grafías para los números.  En algunos casos ponen las dos, la suya y la nuestra y entonces no necesitas  aprenderte la otra  pero un día solo ponen la suya y te han jodido. Como los japoneses.

Pues aquí en los andenes de la  estación de Howrah descubrí que el 4, nuestro 4, es el 8 en bengalí  o en hindi, pues en el andén 4, y era el 4 porque estaba entre el 3 y el 5, había un cartel donde por un lado ponía 4 y por el otro 8. O quizás formaba parte de la idiosincrasia india.

Nuestro vagón era el B1 y en estos trenes es mejor que te coloques justo donde debe estacionarse el tuyo, pues si llegas tarde a tu asiento puedes tener problemas para colocar tu equipaje y especialmente aquel andén mostraba  signos de ello, pues la mayoría eran jóvenes con aspecto militar o policial con grandes equipajes.  Hay un gran trasiego de personal de esta clase hacia los estados del nordeste, que están muy revueltos.

Mi consejo: si no eres ducho en este negocio contrata a un “coolie” que, además de llevarte el equipaje, te colocará exactamente donde parará tu vagón. Hay unos luminosos que indican ese emplazamiento pero a veces no los encienden hasta que ya está el tren situándose en el andén. Así que no temas ser pesado y pregunta a todo el que tiene aspecto de saberlo si es el “Kamrup” y  donde se colocará el B1. No hay peor experiencia en un viaje en tren que tener que cambiar de andén cuando el tren ya está entrando y tú no te has enterado.

Los vagones “3AC” o “Tier Three” se diferencian de los 2AC en que en los primeros hay 6 pasajeros, y por tanto seis literas, por departamento y en los segundos solo cuatro.  Ya escribí unos consejos sobre estos casos pero te recuerdo que si viajas en pareja –no te recomiendo viajar solo por la India, aunque si lo haces en pareja es posible que acabes desemparejado-  cojas la litera inferior y la del medio, así si el indio, generalmente dormilón, que tiene la superior se acostará al poco de salir el tren y estará tranquilamente dormitando casi todo el viaje, como así ha ocurrido en esta ocasión.

Enfrente tenemos a un joven con poco inglés al que le pregunto si es militar y me contesta que “personal defence”; solo con esto y con que él va a Dimapur en Nagaland  nos invita a un paquetito de cacahuetes que acaba de comprar; porque lo que se vende en los trenes indios es increíble. Desde que empezó el viaje hasta el “toque de silencio” sobre las 10 de la noche ha pasado un vendedor cada dos minutos.  ¿Qué ofrecen?  Pues en primer lugar están los “vendedores oficiales”, los del “pantry car”  que ofrecen agua, té o café, arroz con vegetales y cena  para la que tienes que elegir  entre 3 ó 4 opciones.  Luego están los que van por libre que te ofrecen además de  todo lo anterior menos la cena,  otras muchas cosas que se pueden comer  y que desconozco, y cacahuetes y similares, fritos de mil variedades, fideos, pañuelos –vi a uno comprar un pañuelo por 10 rupias, ¿para qué querría un pañuelo?- saris, pelotas de plástico que al botarlas desprenden luz, bastoncillos para los oídos, cocos de los de beber, peines que el personal prueba, pequeños objetos de plástico de uso desconocido; pero el colmo ha sido uno que a las 6 de la mañana ha pasado ofreciendo destornilladores y lápices de memoria USB. ¿Quién querrá comprar un lápiz de memoria a las seis de la mañana?

Para la cena hemos elegido pollo y ha sido un error: nos hemos puesto perdidos con la salsa y estaba picante como un demonio a pesar de que a la típica pregunta de si estaba picante nos ha respondido con la también típica respuesta: no. Mi recomendación es que cojas huevos aunque tengas que repetir en el desayuno.

Un mozo de tren trae las sábanas envueltas en un gran sobre de papel pues en la India hay una campaña desde hace varios años para evitar (o prohibir) las bolsas de plástico. En este sobre hay escritas cosas  tan exóticas que sería para enmarcarlo y decir: “allí he estado yo”.  Como por ejemplo “Northeast  Frontier Railway. Tinsukia Division wish you a happy journey. Dibrugarh Assam”.  Y mucha  escritura  en hindi.

Se sienta a mi lado un joven militar que luego dormirá en la litera enfrente de la mía y como estoy escribiendo el borrador de este blog en una libreta intenta leer atentamente y sin ningún pudor lo que escribo.

En una estación sube otro joven, éste civil,  que era el último que faltaba en el departamento. Lleva una gran caja de cartón e intenta colocarla donde están los pies de Marisa. Le digo algo así como “oiga joven que aquí van los pies de mi señora”. Dado mi nivel de inglés quizás no me ha entendido  pero creo que por mi mirada y el tono de la voz ha hecho lo imposible por meter la caja debajo de su asiento.

Compruebo que este joven tiene un alto nivel de inglés y un bajo (también alto) nivel de educación: habla por su teléfono celular en inglés y a una gran velocidad y mayor volumen. Imposible escribir yo y Marisa leer. Entonces cojo un libro y leo rápido y en voz tan alta como la suya. La siguiente llamada telefónica vuelve a hacer lo mismo y yo también. Pues ha sido milagroso: a partir de ese momento ha hablado en voz bajita. Imagino que como estaría desconocido para su interlocutor, y antes  de que éste le preguntase si tenía faringitis,  habrá comenzado cada llamada (por que han sido varias) diciendo: “hablo bajito porque aquí hay un cabronazo que me tiene amenazado”.

Al final hemos acabado hablando de la India los tres chicos y yo, todos muy amigos. Y es que cuando un joven indio te dice que es de Indore y tú le contestas que has estado allí y que la gente es muy amable y que alrededor de la estación de autobuses hay muchos y muy buenos restaurantes y que además has visitado Omkareshwar y que llegaste hasta el río Narmada y…pues ya te lo has ganado.  Donde me pillaron fue cuando uno de ellos  me preguntó que qué opinaba del cinema indio. Y es que no sé nada.

La noche trascurrió tranquila pero con el temor de pasarnos de estación pues debíamos llegar a NJP a las 6:15.

Y sin despedirnos de nuestros compañeros de viaje que dormían plácidamente hemos llegado a NJP a las 6:45 después de doce horas y diez minutos  de viaje, para hacer 565 kilómetros.

Consejo.

Después del  billete,  el elemento más imprescindible de un viaje largo de tren por la India son las chanclas.  En las clases 2AC y 3AC te dan dos sábanas inmaculadas,  una manta, una almohada con funda también inmaculada y una toallita, pero las chanclas tienes que llevarlas tú.

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