24. De Sivas a Amasya.

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10 de abril del 2011.
Se estaba tan bien en aquel salón desayunando, con una máquina de té a tu alcance, sin un ruido, solos, cómodos, que me hubiese quedado allí hasta la hora del autobús.
Este hotel es una cosa extraña: está en un lugar aislado y con muy poco movimiento de viajeros. Si no fuese por la cercana “otogar” parecería el hotel de “Psicosis”.
Además a pesar de estar al lado de una carretera con bastante tráfico y pegado a la otogar debe estar muy bien insonorizado porque no se oye ni un ruido.
Lo imagino habitado por viajeros que llegan silenciosos y cansados al final del día y que parten, también silenciosos, temprano al amanecer para coger otro autobús. Al único cliente que vi fue a mi amigo Selim. Que ayer para explicar el problema de la emigración en Europa me decía que “Africanos no good. Solo van a Europa a conseguir dinero, pero no a trabajar”.Desayuno
También había un recepcionista amable y su ayudante, ambos silenciosos como el hotel.
Pero la vida del turista exige movimiento y nos fuimos con un autobús al centro de Sivas.
Es un día frio y lluvioso y no hay casi nadie por la calle. Me recuerda mis primeras impresiones de una ciudad del extrarradio de París a comienzos de los 70: las calles limpias y muertas. Sólo veías a algún norteafricano camino de ningún sitio. Pues aquí los mismo pero sin “moros”. Incluso cuando esperábamos al autobús vimos a alguna señora haciendo el clásico “circuito de gordas”.
Cuando llegamos al centro-centro una sorpresa: en las terrazas de algunos edificios y en lo alto de un minarete soldados o policías con prismáticos y fusiles con mira telescópica. Yo solo lo había visto antes en las películas.
Hay instalada una tribuna cubierta y veo también a un grupo de uniformados muy elegantes. Imagino que debe haber un acto patriótico con la presencia de alguien muy importante.
El día va de frío a helador y a ratos llueve. Pienso que a los que están en las terrazas y tejados los cambiarán con frecuencia pues estarán más preocupados de que no se les congelen los pies y las orejas que de cualquier “Chacal” que esté al acecho.
Vamos a ver la mezquita del castillo, Kale Camii, pero está rodeada de vallas: en restauración. ¡Cuánto restaura este personal!
Afortunadamente la madraza Bürüciye Madraza Bürüciye.debieron restaurarla antes y como además ahora es una tetería está abierta; pero al estar situada en el patio del edificio, al aire libre, con el día que hace, no hay ni Dios. Y eso que es domingo. Pero el lugar es precioso.
Desde allí nos vamos a la cercana madraza Şifaiye. No me lo podía creer: ¡cerrada por obras! Y es el más bonito edificio de la ciudad. Afortunadamente la madraza de los Minaretes Gemelos, Çifte Minare Medrese, no tiene nada que restaurar pues solo queda la puerta principal con los dos preciosos minaretes y ya fue restaurada. Pero como son como son (o sea como nosotros) han dejado un par de coches aparcados delante. Y no me puedo quejar de la diferencia cultural porque en España pasa lo mismo. Yo soy de una ciudad con una plaza preciosa; quizás sea el único monumento interesante y está prohibido aparcar “en toda la plaza”. Pues siempre está con coches que van del “lleno total” a media docena. Por supuesto los políticos suelen aparcar justo debajo del letrero de la prohibición. Cerca hay otro pueblo con una plaza impresionante: Cantavieja. Siempre que lo he visitado tenía la plaza llena de coches.
¿Cómo me puedo quejar porque un domingo lluvioso dejen un par de furgonetas delante de la entrada de una mezquita de la que solo queda la puerta? Y encima del siglo XIII.
Todas las cosas que hay que ver en Sivas están en una especie de parque, en el centro, y todas una al lado de la otra excepto la Gran Mezquita, Ulu Cami, y la Madraza del Cielo Azul, Gök Medrese.Gran Mezquita
La mezquita es de finales del siglo XII y es una gran habitación de techo bastante bajo con un montón de columnas.
Un lugar austero y muy interesante. En ella, como en otras, lo único que desentona es el gusto islámico por los relojes de pared: siempre hay varios en las mezquitas y ésta no es una excepción. Como no es la hora de la oración apenas hay dos o tres fieles rezando en aquel ambiente de calma y reposo.
Y de allí al Gök. Increíble: también en restauración. Hay una verja de hierro abierta con una garita y con un joven vigilante dentro. Le pregunto si podemos entrar. Nos deja pasar unos metros acompañados por él. Cuando se acabe será una maravilla pero parece que tienen tajo para rato. Cuando salimos cierra la puerta y le añade una gran chapa de hierro: no quiere más intrusos.

Madraza del Cielo Azul.

De vuelta pasamos por la calle donde está el hotel Madımak.  Quiero que Marisa vea tan histórico lugar: toda la fachada está cubierta de andamios.
Las calles se van animando de personal y nos vamos a coger el autobús al mismo sitio donde nos dejó pero en aquel momento ha arrancado el desfile militar (que luego compruebo que es policial) y han desviado la circulación. Debe ser algo así como “el día de la policía”.

Ellos encienden bengalas de colores que producen mucho humo. Imagino que será para que los francotiradores asesinos no vean el blanco pero si creyese en las teorías conspirativas de la historia pensaría que era para que los francotiradores “buenos” no viesen a los malos. Fiesta de la policíaRecuerdo que en las películas de guerra (cuando era niño se llamaban de “hazañas bélicas”) suele haber un momento en que la cosa está muy jodida y entonces un medio jefe (generalmente un sargento) dice “bombas de humo” y entonces allí no ve ni Dios. Lo curioso es que ese efecto siempre favorece a los buenos. Porque yo pienso que si llenas todo de humo a ti no se te ve pero tú tampoco ves nada. (Incluso le puedes pegar un tiro al sargento: se llama “fuego amigo”, aunque el “amigo” sea un hijo de puta). Pero en las pelis no ocurre con esa lógica cartesiana: ellos no te ven pero tú los liquidas a todos.
Nosotros con grandes problemas de entendimiento logramos coger un autobús que nos devuelve a la paz del hotel. Esperamos que se haga la hora del autobús y aparece de nuevo Selim. Me explica que él duerme un rato y luego se va a ver a unos clientes y que luego duerme otro rato y se va a otra ciudad y…bueno es una conversación de locos. Por fin logro entender que se dedica al negocio del bordado pero no sé si a la maquinaria que lo hace o directamente al producto final. Me habla continuamente de Europa, de Turquía, de China y de la India. Y que él viaja siempre en autobús: “no chofer”. Imagino que quiere decir que no conduce. Y que no le gusta nada ir en avión pues en un viaje dentro de Turquía el avión se puso a dar saltos y que incluso las azafatas “panic”. Fue una descripción del viaje muy realista. Es un tío realmente gracioso.
El autobús, como todos, bueno, con un azafato que nos riega con frecuencia con colonia y que nos sirve dos veces té en un recorrido de 4 horas. En la única parada que hacemos tiene la deferencia de decirnos en inglés el tiempo que vamos a estar y además me ofrece un cigarrillo.
Volvemos a encontrar montañas y pasamos un puerto a 1800 m y con nieve abundante que luego se abre en un gran valle verde. La temperatura exterior pasa de los 4ºC de Sivas, a las 3 de la tarde, a los 9 ó 10 en cualquier “punto cálido” del recorrido. Marisa ve a ratos –sin sonido- una peli americana en la que el protagonista llega en un momento de la historia a España: a Sevilla. Pero allí España es un patio precioso de Sevilla y con procesiones de Semana Santa y con los Sanfermines. Imagino que para un señor de Carolina del Norte España es eso: Semana Santa y San Fermín. ¡Qué cosa más ridícula! Pero no solo los americanos hacen tonterías. Oigo en mi reproductor de música un Cd que tengo grabado con una canción de Estrella Morente que dice algo así como “Sevilla, Madrid, Puerto Rico, Argentina, Nueva York, Moguer”, pero unas 200 veces. Quizás pase como con la religión que para entenderlo hay que tener fe y que sin ella no tiene ni pies ni cabeza. (Sobre todo cabeza). Y eso que esa cantante tiene fama de ser muy buena. Claro que solo en el mundo artístico (y en las monarquías) se transmite por los genes el poder y la gracia.
Llegamos a Amasya y un “servis” nos lleva desde la otogar hasta cerca de nuestro hotel. Elijo uno que nuestra guía recomienda dentro de lo que llama “hotel histórico”. El sitio es precioso aunque el hotel no lo es tanto pero es tarde y está lloviendo así que nos quedamos.
Veremos mañana.
PD
Selim para explicarme que los turcos y los españoles somos semejantes me dijo que éramos “los mismos pájaros”. Realmente me dijo “birds” y “the same”. Bueno, la palabra “bird” se la escribí yo, ya que él imitaba el vuelo del animal. Me hubiese gustado poder decirle en turco que éramos “pájaros del mismo nido” y aunque pensé echar mano de un sobre de Nescafé para explicárselo me dio miedo a las conclusiones a las que podía llegar.
“Hotel” u «otel».
Le pregunto a Selim cuál es la diferencia entre “otel” y “hotel” pues ambas aparecen en los nombres hosteleros. Me dice que son lo mismo, el primero es turco y el segundo “internacional”. Me explica que antes cuando la gente cuando se iba de viaje se alojaba en las madrazas o en casa de parientes pues no había hoteles. Luego llegó “lo internacional” y tuvieron que hacer hoteles y además inventar la palabra así que cogieron la que ya había: Y para acabar la disertación me dijo: “como recepción”.

Enlace al álbum de las fotografías del día.
20110410

Una respuesta to “24. De Sivas a Amasya.”

  1. Avatar de jose luis jose luis Says:

    Cómo no nos vamos a imaginar ese ambiente de calma y reposo con esa foto tan preciosa!

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