9 de abril del 2011.
Observación ortográfica.
Divrigi se escribe en turco «Divriği», y esa ge rara hace que no se pronuncie esa letra y que se alargue un poco la i.
Este hotel está un poco desvencijado pero no está mal. Al estar pegado a la estación de autobuses se podría pensar que oiríamos todos los vehículos desde la habitación, pero el único ruido que hemos oído esta mañana ha sido el paso de un tren, que dado donde estamos y los pocos trenes que hay en Turquía parece una excentricidad.
Sigue estando el mismo recepcionista que cuando llegamos ayer por la noche y le pregunto si es todo el monumento de Divrigi el que está en restauración, como me dijo anoche, o solo el interior o si es que han puesto andamios por las fachadas. Acude a internet y señalándome unos minaretes de un calendario que no sé a qué ciudad corresponden me contesta que solo está en restauración la torre y que está todo abierto. Es que te vas a hacer tres hora para ir y otras tantas para volver solo para ver un edificio, sobre todo sus tres puertas y si cuando llegas allí está todo cerrado y cubierto de andamios…Además por el horario de los viajes tienes que estar allí todo el día pues la primera furgoneta sale a las 9 y llega a las 12 y para regresar solo hay unas a las 12 y otra a las 4 de la tarde.
Pero decidimos correr el riesgo y hacer la visita.
Consejo práctico: en Sivas hay dos estaciones de autobuses diferentes pero casi pegadas: la de los grandes autobuses que es a la que llegamos ayer y la de las furgonetas y minibuses que es de donde sale la que va a Divrigi. Y en ésta aunque son furgonetas te venden el billete con número de asiento así que si no quieres correr el riesgo de quedarte mejor que lo compres cuanto antes.
Y a las 9 en punto salimos.
El conductor pone una música de esas repetitivas que solo les gustan a los muy jóvenes o de gustos adolescentes o a los seguidores de algunas sectas que las utilizan para llegar al trance. Dada la edad del chófer me preocupa, pues se parece a los hare krisna. No, el chófer no, la letra de las canciones. Como vamos hacia una región remota espero que pierda la sintonía de la FM, como así ha sido.
Volvemos a encontrar grandes montañas nevadas y ahora con la nieve al borde de la carretera; nada extraño pues estamos circulando entre 1600 y 1800 metros, pasando por un puerto a 1950. (En Turquía todos los puertos tienen indicada su altitud).
Pasamos por un pueblo que se llama Ulus. El letrero que hay en la entrada muestra su población (nufus): 3.000 habitantes. Yo soy el gobernador de esta provincia y llamo inmediatamente al alcalde y les digo que los vuelva a contar. Que esa cifra es imposible. Vaya, que no me lo creo.
Llegamos a Kangal, célebre por sus perros: Nufus 9.000. Y cuando llegamos a Divrigi: Nufus 12.000.Y eso ya me parece una conspiración. Será “la conspiración de los múltiplos de mil”. ¿Hay alguien que se lo pueda creer? Quizás son una secta que domina la demografía de Turquía.
Así que hemos llegado a Divrigi a las 12 del mediodía. Si realmente está todo tapado por andamios y además cerrado ya no nos dará tiempo para coger el transporte de regreso a las 12 y tendremos que esperar el de las 4 de la tarde.

Pero los dioses (dado el carácter monoteísta de esta gente quizás habría que decir “dios”) nos son propicios y en pocos minutos tenemos delante de nosotros la maravilla de la arquitectura selyúcida de la Gran Mezquita, Ulu Cami y del Hospital Psiquiátrico, Şifahane. El ver las dos puertas de los dos edificios contiguos te causa una gran impresión. La verdad es que has hecho un viaje de seis horas pero merece realmente la pena.
La guía dice que es un lugar muy poco visitado a pesar de estar incluido en la lista de monumentos “Patrimonio de la Humanidad” de la UNESCO. Cuando nosotros llegamos había un grupo de unas 20 mujeres, todas vestidas de “turcas”.
La riqueza ornamental de las dos puertas contrasta con la austeridad del interior especialmente de la mezquita.

Visitamos el hospital que acabó siendo un seminario teológico en el siglo XVII. Después entramos en la mezquita y allí el grupo de mujeres está rezando o quizás charlando sentadas en el suelo cerca de la pared donde está el mihrab, ya sabes el nicho que señala el sitio adonde han de mirar quienes rezan. Se las ve cómodas y tranquilas e incluso algunas se hacen fotografías, pues claramente son un grupo de turistas. Y de repente como si hubiese sonado una sirena anunciando un bombardeo o un toque de queda, se levantan todas y se van corriendo hacia el fondo de la mezquita. Allí hay unas cortinas que cuelgan de un cable situado a unos dos metros del suelo y entran allí como buscando refugio. ¿Qué ha pasado? Pues que era la hora de la oración y llegaban los hombres para rezar. Y ellas eran más de 20 y los hombres del pueblo que han ido a esta maravillosa mezquita nomás de una docena. Era la primera vez que veía mujeres en tal cantidad dentro de una mezquita y también la primera de ver la “espantada”.
Y eso que el imán es un tío joven, guapo y encantador que imagino que no tendrá el mismo pensamiento que los ceñudos, secos y con cara de pocos amigos que te encuentras en otros templos.
Nosotros, siguiendo las normas de buena conducta pagana, para no estorbar en las preces regresamos otra vez al “hospital” para verlo de nuevo.
Y de nuevo volvemos a la mezquita cuando han acabado el oficio religioso.
Otra de las características de esta mezquita, además de su austeridad arquitectónica, es el frío que hace; a pesar de la gruesa alfombra los pies se te quedan helados. Y es que estamos a 1100 metros de altitud según nos explica el imán.
A la salida vamos a contemplar la tercera puerta, la que si no estás avisado es probable que te vayas sin verla a pesar de ser la más impresionante, pues está situada en un lateral y además no se ve desde lejos como las otras dos.
Nos despedimos el imán, que hace de vigilante del conjunto y de otro imán (¿será como el imán coadjutor?). Como nos ven tan interesados en el tema nos han regalado un folleto del lugar con preciosas fotos. Una de ellas parece una vista aérea pero nos dicen que no, que está tomada desde las ruinas de un castillo -la fortaleza de Malik Salih- que está en lo alto así que hacia allí nos vamos.

Solo quedan unos pocos restos pero tiene unas vistas magníficas. Se accede a través de un agujero en la muralla que va a dar a una cueva bastante grande. Si estuviese limpia y cuidada sería un sitio formidable. Pero comprobamos que las fotos debieron ser tomadas antes de que colocasen unos depósitos de agua que tienen todas las casas turcas en los tejados y terrazas. Pues son unos armatostes bastante grandes y demás pintados de colores así que no hay manera. Volvemos al pueblo, comemos y visitamos un par de tumbas muy interesantes que hay en el centro y a esperar el autobús.
En la furgoneta nos encontramos con una pareja de australianos que parecen madre e hijo. Nos explican que han ido a coger el bus de la 9 y que había salido a las 8 y media. Debía ser de otra compañía pues el nuestro ha salido en punto. También ha podido ser de otra manera pues los anglófonos tienden a creer que como ellos hablan un inglés perfecto todos le mundo les entiende y mi experiencia –sobre todo en la India- es que no es así. También viaja un turco de unos 50 años que está como loco por hablar conmigo. Vaya, no “por hablar”, es que no me deja ni un minuto. Lo más gracioso es que al enterarse que somos españoles me dice “José María Aznar” y levanta el dedo pulgar hacia arriba como indicando que es muy bueno. Le digo que a mi no me lo parece. No sé de donde se habrá sacado esa apreciación. Para molestarle un poco le digo que él parece “zazá”. Ni idea de qué aspecto tienen pero pienso que como son una minoría seguro que nadie quiere parecerse a ellos. Y entonces me dice que no es “zazá” que es de origen azerí. Pues ya sabe el Sr. Aznar que tiene un azerí en Sivas que lo admira.
Y el tercer encuentro en la furgoneta ha sido con una francesa, Dominique, que estaba siguiendo la ruta de Marco Polo, actividad a la que dedica varios meses al año. Ahora después de 18 meses en total ya la estaba acabando.
Así que ya ves, “hay gente para todo”.
Cuando llegamos a Sivas es casi de noche y decidimos quedarnos en el mismo hotel a pesar de que esta mañana nos hemos ido pensando cambiar a uno del centro de Sivas. Esta mañana el recepcionista me ha dicho que el hotel Madimak, al que yo quería volver y con el que no conseguí conectar desde Urfa, lo han convertido en un museo.
En el hotel un expansivo turco, Selim, me preguntó por los problemas económicos de España. Es un tipo muy gracioso con un nivel de inglés como del primer mes del primer curso pero que hace todo lo posible por entenderte y porque lo entiendas. Me explicó los problemas de la industria turca debido a la competencia de China y de otros la crisis mundial.
Ha sido un día de visitas maravillosas y de interesantes encuentros. Si el tiempo mejorase…
PD.
Cuando vimos la extraña actuación de las mujeres en la mezquita de Divrigi comprobé que hasta los zapatos los dejaban en un lugar diferente que los hombres. Como hasta hoy no había visto mujeres no me había percatado de la diferencia.
Peygamber şeceresi.
En la mezquita un árbol genealógico te demuestra como Mahoma descendía en línea directa de Abraham. Se llama así, Peygamber şeceresi, Genealogía del Profeta.