5 de abril del 2011
Ante scriptum.
Estoy escribiendo la crónica en un precioso salón de un precioso hotel de Urfa. Grandes sofás y butacas y unas ventanas del suelo al techo. Todo muy agradable.
No sé cuantos huéspedes más hay en este hotel pero en este salón solo hay un tío grande, grande, de pelo cano de unos setenta y tantos y dos señoras de parecida edad. Son anglosajones y mañana intentaré saber de donde son. Una de las señoras está echada larga encima de un sofá, tras quitarse los zapatos. Yo me pregunto si en su país haría lo mismo. No tengo experiencia hotelera en países anglosajones excepto en Londres y Southampton y en ninguna de estas ciudades vi –ni me imagino- comportamientos semejantes.
Fin del A.S.
Hoy el título de la crónica debería ser de “Diyarbakir a …”porque ayer nos acostamos sin decidir a donde iríamos hoy y nos hemos levantado con la misma incertidumbre. El plan original era ir de Diyarbakir a Urfa y desde allí a Kahta para subir al monte Nemrut, el de las cabezotas, pero el tiempo…no “el tiempo que todo lo cura”, sino el “weather” era el que pintaba mal. Vaya, pintaba mal en todos los sitios pero no es lo mismo tener dos días de lluvia en el campo que en una gran ciudad. Y esta mañana ha vuelto a amanecer nublado y las previsiones son tan malas que hemos decidido saltarnos la etapa de Nemrut: así que la dejaremos para otra ocasión, que no hay que “agotar” un país en un viaje.
Volvemos a tomar el magnífico desayuno de este hotel y a probar el tahin con la melaza dulce que me parece un gran invento. Y el yogur que es algo fuera de serie. En el mercado de los quesos venden unos pozalicos metálicos de unos 3 ó 4 litros llenos de yogur. El de este hotel parece del mismo tipo. Lo curioso es que el comprador se lleva el recipiente y no sé si es que hacen algo como antes en España con los cascos de las cervezas y las gaseosas, que los cobran y luego lo recuperas al devolverlos. Pero en cualquier caso es un yogur buenísimo.
En este comedor a pesar de que estamos 6 u 8 desayunando no se oye ni una mosca. Quizás una de las razones es que no hay ninguna familia –excepto nosotros- a diferencia de lo que ocurría en Van o Bitlis con los “iranianos”; otra es que a estas horas tempranas aún no se han puesto en marcha los teléfonos celulares. Con respecto a esos artilugios: un huésped se levanta apresurado y se empieza a palpar la mitad inferior de su cuerpo. Me percato de que esos movimientos, casi epilépticos, corresponden a la conciencia de que no lleva el teléfono y lo busca compulsivamente. Y eso es un comportamiento general en todos los países y que además solo lo hacen los hombres.
Cogemos un autobús urbano para ir al otogar. A la de verdad, no a la que llegamos que era de juguete. Está a unos 14 km del centro y para llegar hasta allí atravesamos toda la ciudad moderna. Y entonces te das cuenta que Diyarbakir son dos ciudades totalmente distintas. El laberinto de las callejuelas cercanas a la mezquita Ulu y a las iglesias cristianas, por donde no pasan ni motos ni coches –en este país apenas se ven motos- y la parte moderna de grandes y rectas avenidas que se podrían corresponder con cualquier ciudad europea. Y entonces he entendido a esa señora que ayer iba con un par de amigas y que a pesar de ser de aquí tenía que preguntar para saber donde estaba lo que buscaba. Era como una turista dentro de su ciudad.
Consejo: si tienes que coger un autobús en esa otogar ten en cuenta su lejanía. A nosotros nos ha costado más de media hora llegar hasta allí. Además creo que hay autobuses urbanos que te dejan en el interior de la otogar pero el nuestro nos ha dejado en la carretera aunque cerca de ella. Un pasajero que se baja con nosotros nos lleva directamente hasta el mostrador del primer autobús que va hacia Urfa. Mira que hay gente amable. Así que hemos llegado a las 9:20 y a las 9:30 ya salimos.
Uno de los viajeros del autobús es un joven que al quitarse la cazadora deja ver un pistolón en la cintura. Imagino que será un policía y nadie se sorprende pero en España sería inaudito.
Después de tantos días viajando en minibuses y furgonetas se agradece un verdadero autobús. En Turquía los autobuses de largo recorrido suelen ser buenos y estar en buen estado pero es que éste está casi nuevo. Y se viaja comodísimo.
Atravesamos campos verdes de cereales en unas extensiones enormes y llueve a ratos. Un viaje muy placentero.
Llegamos a la moderna otogar de Urfa y allí cogemos un autobús urbano hasta el centro. En el recorrido una joven nos pregunta si hablamos francés. Una pregunta muy extraña: resulta que es francesa pero vive en Urfa. Va con su madre que es turca. Por supuesto las dos con el pañuelo turco en la cabeza. Le digo que queremos bajarnos en el ayuntamiento pues el hotel que busco está al lado. Ella se lo dice al cobrador y me hace bajar en un sitio que no sabemos donde es. Menos mal que otra jovencita nos ha debido oír preguntar y nos acompaña hasta otro autobús. Me sigue sorprendiendo la cantidad de gente amable que encontramos.
Llegamos al hotel elegido y está cerrado por obras. Buscamos una alternativa cercana y está completo pero desde allí nos dirigen a otro con nombre español y al que la guía define como “boutique hotel”. Es moderno, no muy grande, céntrico y con todo lo que esperas que tenga un establecimiento así. O sea perfecto, a la espera de lo que mañana nos depare el desayuno. Al entrar en la habitación comprendo la descripción que hace la guía: “the floor-to-ceiling windows”: ventanas que van del suelo al techo. Elemental.
Otra ventaja: yo suelo pasar un buen rato escribiendo los borradores de estas crónicas y preparando las siguientes etapas del viaje en los hoteles y el salón de éste está en la planta cuarta y es un lugar acogedor. Sí que le encuentro un defecto: no viene gente como nosotros y en recepción no saben las informaciones que necesitamos. Así les pregunto por los autobuses para ir a Harran: que vayamos en taxi. “¿Para ir a la otogar?”.Otro taxi. Así que ya no pregunto más.
Empezamos la visita a la ciudad pasando por la cercana oficina de turismo. Es una especie de pajarera con un empleado que habla inglés, pero que solo tiene en mente venderte servicios, no informarte: que alquilemos un coche, que contratemos un guía, que compremos un tour,…Incluso pretende que nos vayamos en un tour organizado (imagino que solo para nosotros) a Göbeklitepe, un yacimiento arqueológico a 18 km de aquí. Al final de su “declaración de intenciones” nos pregunta que “primera vez en Urfa, ¿verdad?”. “Pues no, la segunda”. Y en aquel momento hemos perdido todo interés comercial para él y casi ni nos habla. Como me había dicho que nos inscribiéramos en una lista de visitantes compruebo que hace 2 semanas que no viene nadie por aquí. Y yo no recomendaría a nadie que pasase por esta oficina pues a mi planteamiento de “voy a pasar dos días en Urfa, ¿qué me recomendarías que visitase?”, me manda a un yacimiento del neolítico. Con la cantidad de cosas que se pueden ver en esta ciudad.
Vamos hacia el centro histórico y un amable joven me aborda. Me dice que es sociólogo y realmente no sé por donde iban sus intereses pues le he preguntado por el restaurante a donde queremos ir a comer y me ha pegado un buen paseo. Lo curioso es que le he visto un par de veces más a lo largo de la tarde. No he logrado saber si era un gancho o no, pero sí que era algo raro.
Comemos donde la guía dice que hacen el mejor “lahmacun” de Turquía. Yo le pido un plato al camarero y me insiste dos o tres veces que la ración son 4 piezas. A lo mejor quería decirme que era un plato “para compartir” pues lo habitual son 2 piezas que te sirven “cara contra cara”. Me las como, por supuesto, y he estado a punto de decirle que me sacase otra ración, que me había quedado con hambre. Pero a lo peor no me entendía la ironía y me sacaba otras 4 más de verdad.
La comida muy buena y la terraza donde la hemos hecho una maravilla.
Después nos vamos a ver el área de Gölbasi y la de Dergah. Marisa se queda sorprendida de aquel ambiente. Del arquitectónico y del humano.

Estamos observando todo aquello y llega una pareja de unos 60 años y su hija llevando entre los dos una caja atada con una cuerda que parece bastante pesada. Los tres bastante pequeñitos. Al llegar a la entrada de una mezquita le pasa el padre la cuerda a la hija que continúa la carga con la madre y él se pone a rezar. Primero, por supuesto, las necesidades del alma. Las mujeres musulmanas parece que no tienen.
Al final de la tarde cae un buen chaparrón y el cielo se pone negro, negro. Y me alegro porque ya estaba dudando de la previsión meteorológica que había anunciado lluvia.
Salen de la mezquita Mevlid-i Halil del rezo de media tarde un tropel de hombres. Ni una mujer. Se nos acerca un abuelillo y nos da una peladilla a cada uno. No sé si tendrá propiedades mágicas o curativas pero me encantaría saberlo.
Desde nuestro puesto de observación vemos a grupos de media docena de mujeres vestidas con una especie de sábana negra. Creo que se la ponen encima para algún rito pues no se ven así por la calle.

Nos acercamos a la cueva donde estuvo viviendo Abraham durante 7 años, Hazreti İbrahim Halilullah. Es un lugar de oración donde van más mujeres que hombres, pero con entradas y sitios separados. Marisa entra a verlo.
El cielo anuncia tormenta de nuevo y regresamos al hotel.
En el garito de internet la sorpresa de que todo funciona. Leo mi crónica del 2006 y compruebo que me quejaba de que estaba lloviendo todos los días. Curioso.
Acabado el día escribiendo en el salón del hotel al que hago referencia al comienzo de la crónica. Marisa no para de decirme: “Ni se te ocurra decirles nada. Además no te van a entender”. Porque la “educada” anglosajona ha empezado a poner los pies en el respaldo del sofá y yo ya tenía preparada la frase:”I am sorry but where you put your feet I put my head”. Seguro que me iban a entender. O más claro: «your feet look gorgeous but you are a dirty swine».
Afortunadamente para la paz hotelera se han ido antes de que se lo dijera.
PS.
Existe “PS” pero a pesar de que he escrito “Ante scriptum” al comienzo del artículo, parece que no existe «A. S.» como abreviatura de tal. Vaya, si existe pero significa “alteza serenísima”, que solo se aplica a los príncipes de Mónaco o Liechtenstein.
PS
Al final escribiré sobre la propensión de las figuras mitológicas y religiosas a vivir en cuevas. Porque ¿te has fijado lo que les gustaba vivir así?
13/11/2011 a las 22:05
A la anglosajona le podrías haber preguntado si le gustaba un grupo musical que se llaman Bad Manners, que por cierto a tu hijo y a mi nos gustaba hace tiempo.