4 de abril del 2011.
Ha debido llover mucho esta noche pues está todo mojado y el cielo amanece bastante negro. Y la lluvia es el peor enemigo del turista (junto con la “diarrea del viajero”).
El desayuno de este hotel es el mejor del viaje. Imagino que es una consecuencia de la cantidad de hoteles semejantes que hay en el entorno cercano. Además de los clásicos tomate, pepino, embutidos (imagino que de pollo o de pavo), aceitunas, cuatro o cinco clases de queso tierno, patatas fritas, huevos duros, mermelada y mantequilla, tahin, un yogur buenísimo, una especie de melaza negra que igual te la pones en el té que en el yogur y algo más de lo que no me acuerdo. Y solo estamos 3 ó 4 clientes desayunando y las bandejas del bufé están a rebosar. Pienso que quizás forma parte de la idiosincrasia turca el mostrar que hay en abundancia.
Y ya bien desayunados empezamos nuestro recorrido turístico. Nuestra primera visita es la iglesia caldea, Keldani Kilisesi. En mi crónica del 2007 explicaba una historieta de un caldeo que parece que me puteó un poco. Pues hoy casi igual. Cerca de la iglesia le preguntamos a un amable señor que no solo nos acompañó hasta la puerta sino que al ver el letrero donde dice que abren a las 9 de la mañana y que ya son las 9 y cuarto pega fuertemente con el picaporte y como ve que no responden llama por su teléfono a un número que aparece en el letrero de la puerta. Por lo visto le contestan que ahora vienen. El señor sigue allí con nosotros esperando al caldeo. Yo estoy sufriendo por él y le insisto en que se vaya. Allí permanecemos (y lloviendo) pero no aparece nadie. Hemos contemplado en la calle como barnizaban a gran velocidad unos bancos de madera que parecían de iglesia pero que luego hemos descubierto que son un estándar en las teterías.
Después del primer fracaso matutino nos vamos a ver la mezquita del pachá Behram, Behram Paşa Camii, que yo tenía apuntada como la más bonita de la ciudad (después del patio de la Ulu), pero también está cerrada. Aquí muchas mezquitas solo abren a la hora del rezo como hacen también en España algunas iglesias católicas que solo lo hacen a la hora de la misa y las novenas. Así que un consejo: ven un ratito antes de la hora del rezo pues así los fieles no han llegado todavía o bien 20 minutos después de que hayan empezado y en seguida saldrán los clientes. Total que segundo fracaso.
Como estamos cerca de otra iglesia cristiana decidimos ir a verla. Son calles estrechas y un poco complicadas y preguntamos un par de veces por la “kilisesi”. Una niña nos acompaña hasta una puerta en una alta tapia y nos dice que toquemos el timbre. Aparece una sonriente jovencita y nos invita a entrar. Yo ya había estado en esa iglesia pero no me acordaba de nada. La chica nos dice que es una iglesia protestante. Cuando yo la visité en 2007 era una iglesia siria ortodoxa. Así que quizás la han “traspasado”. Pero la confusión es mayor pues cuando entramos aquello no me suena de nada. (Como que era otra iglesia). La joven le dice algo a Marisa y le enseña un chal: claro, hay que cubrirse la cabeza (pero ella no la llevaba cubierta). Así que Marisa saca un pañuelo que lleva siempre encima para estos menesteres y se cubre. La chica coge un chal y me sigue diciéndome a mí algo. Yo entiendo que es que tengo que cubrirme yo también la cabeza. ¡Mira que son raros estos “protestantes ortodoxos”! Cojo el chal y cuando voy a ponérmelo por la cabeza al final, afortunadamente, no lo hago: un continuo disparate. Lo entendemos todo cuando subimos al coro: es un taller donde enseñan a unas cuantas jovencitas a tejer la seda con telares de lanzadera y lo que había en la iglesia eran muestras de sus trabajos. Si me llego a poner el chal en la cabeza salgo en la hoja parroquial de Diyarbakir.
Esta iglesia se llama Cemaati Kilisesi Protestan y lo que están haciendo “Ipekten Dokunuşlar Projesi”.
Al final han sido cuatro jovencitas simpáticas y encantadoras, que debían ser las controladoras de aquello y nos han invitado a té. Vaya, a desayunar que era lo que estaban haciendo ellas cuando hemos llegado. Ha sido un rato muy divertido en el que hemos estado “charlando” con ellas, ya sabes a base de dibujos y de hacer el árbol familiar y de diccionario. Nos hemos hecho un montón de fotos y nos hemos despedido de lo más amigos. Y por cierto que no eran ni protestantes, ni ortodoxas, que eran musulmanas. Ha compensado totalmente la falta del caldeo y de la mezquita. Al salir hemos buscado la iglesia que buscábamos cuando nos hemos topado con esta: Meryem Ana Kilisesi, iglesia de la Virgen María. Entramos y están empezando un oficio religioso. Además del cura hay tres niños cantando con él, un abuelo y cuatro mujeres. Los fieles se descalzan y se ponen unas zapatillas “de iglesia”; pero aquí no tienen un componente mágico como los budistas, musulmanes o hindúes: es solo para no manchar las alfombras, aunque quizás las religiones de “pies desnudos” en su origen lo hacían por lo mismo. Y las señoras que no llevaban trapo se ponían una mantilla que cogían de un armario.

Al acabar el oficio charlo con el cura, Yusuf, y nos enseña el libro sobre el que cantaban: está en arameo. “Aramic” dice él, pero las australianas de Mardin decían “Aramaic”. No sé quien tendrá razón.
Nos dice que la iglesia está construida sobre un templo de adoradores del sol y que aunque como iglesia siria ortodoxa es del siglo III, algunos elementos arquitectónicos son del siglo I. En la iglesia hay unos cuadros muy graciosos de algunos santos de nombres muy curiosos como Mor Afrem (303-373), Mor Barsavmo (del 457), conocido nuestro pues tiene una iglesia dedicada a él en Mardin, y Mor Elyo, Elías para ti. Una visita muy interesante aunque no haya tenido el calor humano de la anterior.
Y como ya era la hora musulmana de rezar nos hemos vuelto a la mezquita de Behram. Una maravilla pero luego cuando lees que la construyó Sinán ya lo entiendes. Por supuesto no es tan grande como las de Estambul pero tiene la misma belleza y armonía. Y de repente empiezan a llegar los fieles y acaba la visita.

Regresamos hacia el centro-centro, vaya, hacia la mezquita Ulu. Marisa les hace unas fotos a un par de vendedores y yo les pregunto si son “zazás”. Pues he acertado –pura chiripa- y eso les hace mucha gracia.
Vemos la salida del rezo de la gran mezquita. Como está toda en obras solo han dejado una puertecita y aquello parece la salida de las misas españolas de las 12 del mediodía los domingos en la España de los años 50. La diferencia es que aquí solo salen hombres.
Después de comer decidimos volver a la iglesia caldea para ver si ya ha aparecido el vigilante. En la búsqueda nos encontramos a tres señoras mayores –como nosotros- muy elegantes y decididas que también buscan esa iglesia. Visto lo modernas que van doy por supuesto que son de Estambul. Pues no. Una es de aquí, pero conoce la zona peor que nosotros, y sus amigas de Elazig.
Llegamos a la puerta caldea y golpeo el picaporte. El albañil que estaba trabajando al otro lado de la puerta de hierro se ha debido dar un susto de muerte pues dado la espera de esta mañana le he dado a la aldaba con todas mis fuerzas. Pues resulta que la están restaurando y no se puede visitar. ¿Por qué no se lo habrán dicho al señor que ha llamado esta mañana? Así que tercer fracaso. Pero a cambio las tres decididas señoras nos han “adoptado” y como les he dicho que queríamos ver la Surpağab Kilisesi, que aquí llaman la iglesia armenia, pues han empezado a preguntar hasta que hemos llegado a la puerta. Cerrado. Y un gran letrero que dice algo así como “restauración”. Pero la señora de Diyarbakir no se arredra ante nada y ha empezado a golpear la puerta hasta que ha aparecido un albañil: que no se puede entrar. Pero le ha dicho algo así como que allí había unos que habían venido de España y que cómo nos íbamos a ir de allí sin verla. Total que ha venido el encargado, hemos entrado pero, claro, estaba todo en obras. Nos ha enseñado unas fotografías donde se veía como estaba antes. Cuando la visité en el viaje anterior tomé unas fotografías y recuerdo que estaba “ocupada” por una familia que además tenía un rebaño de ovejas y cabras suelta por la “kilisesi”.
Les han debido decir a nuestras amigas que por allí estaba la casa de Esma Ocak, una de las casas históricas –de 1899- que la guía recomienda visitar y allí nos hemos ido los cinco. Después de esa visita nos hemos despedido y seguido cada uno nuestro camino. Ha sido una agradable experiencia, ¡lástima, como siempre, de la barrera del idioma!
Pasamos por una oficina de correos que antes fue una iglesia y que hoy tiene el patio repleto de mujeres. Parece que es por algo de los escolares. Pero era un espectáculo extraño aquí.
Como en Van aquí también hay mercado de quesos, el Peynirciler Çarşısı.

El de Van es más aséptico pero a mí me gusta más éste. En un par de puestos nos han ofrecido probar los quesos. Yo lo he rechazado cortésmente pero el joven dueño de uno de ellos, donde Marisa había hecho un montón de fotos, se ha empeñado con tanto ahínco en regalarnos uno que a pesar de todas mis negativas he tenido que cogerlo. Y era queso fresco que no te lo puedes llevar en la mochila.
Volvemos al Otel Büyük Kervansaray, construido sobre el Deliller Hanı, éste de 1521, donde ayer encontramos al “periodista de la BBC”. En la entrada un letrero explica la historia del edificio y acaba así: “Black stones were brought from Kurtbogazi stonemine and white”.
¿Has oído alguna vez un “cuarteto inacabado”? Pues así te quedas aquí: sin saber de donde venían las piedras blancas. Esto es una característica de la arquitectura de esta ciudad; no, no el que no te expliquen la procedencia de algunos materiales sino que muchos edificios tienen piedras blancas y negras formando bandas. Y además con los suelos de basalto negro por todos los lados.
Nos vamos hacia las murallas para ver unos relieves y por el camino pasamos por varios puestos de tabaco. Esto también es muy característico de esta ciudad: gente que vende tabaco rubio a granel en pozales o en tiendecitas donde tienen 6 ó 7 clases. Marisa hace una foto a uno de esos grupos de cubos y un señor que está sentado cerca salta como si le hubiésemos metido una guindilla por el culo. Y dando gritos. Pues Marisa ni le ha hecho una foto a él, pues ella estaba encima del tabaco, ni le ha robado el alma. Bueno, si se la hemos robado ha sido sin querer, sin dolo que dicen en las pelis de juicios.
Llegamos a las murallas y salimos fuera de ellas para ver los relieves. Se pasa por unas casitas bajas y humildes que se han construido pegadas a las murallas y que imagino que cualquier día las tirarán para dar realce a esa maravilla.
Nos encontramos a un grupo de señoras y “charlamos” con ellas. Luego con un grupo de niños.

Sesiones de fotografías. Ha sido muy gracioso y además hemos encontrado los famoso leones selyúcidas de “la torre de los siete hermanos”, Yedi Kardeş Burcu.
Total que la falta de iglesias y mezquitas la hemos suplido hoy con el contacto humano con varias señoras y señoritas kurdas y turcas.
Volvemos al garito de internet donde ayer pudimos navegar y ver el correo sin problemas pero me encuentro con la sorpresa de que intento leer una noticia y cuando hago clic desaparece el navegador. Nada de “contenido prohibido” o algo así. Simplemente ¡plaf! Y te quedas sin navegador. Pues resulta que la noticia era de un libro escrito sobre Gandhi y aparece la palabra “bisexualidad”. ¿Lo sabe Erdogan cuando dice que su país quiere entrar en la UE?
Sobre un nombre turco.
Hoy hemos estado en la casa de la escritora Esma Ocak, la “Esma Ocak Evi”. Lo gracioso es el nombre de la señora: “Esma” significa “Asma” y “Ocak” “Enero”. ¡Anda, que ponerle a una hija “Asma” de nombre y más llamándose «Enero» de apellido…! Claro que mi hijo tiene un amigo que se llama “Lepra”.
10/11/2011 a las 21:08
Cuesta entenderlo pero sí, el Lepra de Fuenla además.