2 de abril del 2011.
El peor despertar de todo el viaje: un solo de violín de un principiante. Debían ser las cañerías del cuarto de baño de la habitación contigua pero era horrible. Una serie de sonidos agudos que iban subiendo y bajando de volumen. Y eso antes de la seis de la mañana. Efectivamente ha sido la peor habitación de todo el recorrido aunque ayer nos dijeron que hoy nos cambiarían.
Y un detalle escatológico con el que me he encontrado por primera vez en mi vida aunque quizás para alguno de vosotros sea algo habitual: la tapa de la taza del retrete es de metacrilato y por tanto transparente. Eso no es habitual pero es que aquí, además, tenía englobadas conchas marinas. Y, la verdad, cuando me siento lo hago con un poco de aprensión. Por un lado pienso que aquellas puntiagudas conchas (había varias tipo cañaílla, Murex brandaris) se me podrían clavar y luego cuando compruebas que no, que no pinchan, es que te parece que te has sentado en el fondo del mar. Vaya, una excentricidad sin sentido.
Y encima el día ha aparecido muy nublado. Como tenemos en expectativa la excursión al monte Nemrut, el pequeño, el de las cabezotas comágenas, voy mirando la previsión meteorológica y se anuncian lluvias para los próximos días, así que lo de hoy no ha sido una sorpresa.
Hemos decidido visitar Savur, un lugar que recomienda la guía y que yo no conozco. Por si decides venir: la furgoneta se coge en la “Ilçe otogar”, que es algo así como la “estación de autobuses comarcales”. Lo escribo porque preguntando por la otogar y estando a 100 m de ella algunos me han dicho que no había. Seguramente porque a ésta no la consideran de la suficiente categoría; pero si preguntas por la “Ilçe otogar” o la “Savur otogar”, rápidamente te dicen algo así como “pues ahí delante”. Y además los autobuses urbanos te dejan casi en la misma puerta.
A pesar de que ayer vinimos expresamente a preguntar el horario de los transportes entre Mardin y Savur no he logrado saber su frecuencia; solo que hay uno a las 9:30 y otro que regresa a la 15:30. Así que allí estamos esperando que salga el bus y aprovecho para escribir en la libreta donde apunto los detalles prácticos, los que me sirven para preparar mi próximo viaje o para contestar las preguntas de mis amigos, como por ejemplo “¿cuánto me costaría la noche en el hotel de Mardin?”. Pues eso estaba escribiendo y un abuelo que estaba sentado al otro lado del pasillo alarga la cabeza y se pone a leer sin ningún reparo. Pero lo curioso es que no logra entender el encabezamiento y me dice por señas y en turco que qué pone allí. Se lo escribo en letras grandes y mayúsculas: “HOTELES”. Y se lo pronuncio en voz alta. Él lo repite y se queda conforme y agradecido. Muy gracioso.
Vamos un rato por la carretera principal, por la misma por la que vinimos ayer desde Midyat y luego cogemos una carreterita secundaria que se adentra en la Turquía profunda. Bueno eso es una licencia poética, que no sé si esta parte del país es muy representativa de esa “profundidad”. Campos pedregosos cultivados, algún pequeño pueblo y muchos árboles en flor, pero como cultivos marginales, no como grandes plantaciones.
Algunos pueblos tienen montones de maderos de unos 3 metros y delgaditos, sin corteza y preparados para su venta. Imagino que se emplearán para hacer andamios. Y para suministrar a esa industria hay plantaciones de chopos muy pegaditos los unos a los otros.
Llegamos a Savur: 8940 habitantes y a una hora de Mardin.
La guía dice de ella: “This diamond of a town appears like a mirage in the countryside”. Ya ves qué cosas más bonitas: la compara con un diamante y además que aparece como un milagro. ¡”Faux-ami”! Que “mirage” en inglés es espejismo y “milagro” es “miracle”.
Y es que es como Mardin pero en miniatura y sin el follón de la gente. O sea un pueblecito tranquilo con algunas casas señoriales que no te lo puedes creer y del mismo tipo y color y estructura que Mardin.

Y al fondo del valle corre un riachuelo.
Hemos ido subiendo por las calles hasta que nos hemos salido del pueblo y cuando estábamos en la ladera de una colina al lado de la última casa nos llama un señor desde una ventana y nos dice que entremos. Y así sin quererlo hemos dado con el único lugar donde alojarse y que además recomienda la guía. Y volvemos a hacer lo que hicimos en Midyat, aunque este blog pertenezca a la categoría de los búhos o sea sin publicidad: Haci Abdullah Bey Konagi (en turco Hacı Abdullah Bey Konaği). Si quieres estar en el paraje más tranquilo de la Anatolia suroriental y reposar en un sitio verdaderamente encantador, éste es el lugar.
Hemos entrado y el señor nos ha dicho que mientras nos preparaba un té que viésemos lo que quisiéramos de la casa. Y que el edificio tiene 230 años. Parece que se acababan de marchar dos huéspedes canadienses pero ahora no había nadie.
Marisa ha hecho una sesión fotográfica completa y es que el lugar era una maravilla.
La guía define las siete habitaciones como “capullos” (en su acepción zoológica) y las dos que hemos visitado eran realmente una preciosidad, lo mismo que la sala de estar.
La terraza es la más elevada de toda la población y tiene unas vistas fantásticas.
Además había un par de grandes camas como las que vimos en Midyat para dormir en verano “à la belle étoile”, que hay que decirlo en francés porque en este lugar tiene que ser algo fuera de serie.

Estando allí han venido dos parejas de turcos, se ve que la gente de la zona recomienda la visita a esta casa. Uno de ellos hablaba un poquito de inglés y me ha explicado que él vivía en Mardin pero los otros tres, que eran sus amigos, lo hacían en Estambul. Y que era kurdo. Al decirle que éramos españoles me ha nombrado a Franco. “Mal empezamos”, he pensado. Y le iba a decir “Ataturk” pero he pensado que era mejor la paz. Y luego va y dice “ETA”. Le digo que “ETA, no good”. Y él me responde muy sorprendido: “No, good?”. Y por lo poco que he hablado me he percatado que aquella alma sencilla había sido adoctrinada por un apóstol de San Sabino Arana. ¿No se cansarán cuando viajan de ir propagando la buena nueva? Yo no me los he encontrado pero deben ser como los mormones que te paraban por la calle en Barcelona en los años 60 y 70. (No sé si ahora lo hacen o es que quizás por mi aspecto ya no puedo ser un prosélito y no se me acercan). Pues bien, para intentar decirle que para mí, en contra de lo que parecía creer él, ETA era “no good” le he hecho ademán de pegarle un tiro en la sien. Y me hubiese gustado explicarle que lo del PKK y el gobierno turco no era igual, ni parecido a lo de ETA y el gobierno español, pero su nivel de inglés no me lo ha permitido. Ahora me pregunto: ¿cómo se lo explican los apóstoles vascongados? ¿Sabrán kurdo? ¿Llevarán folletos en turco explicando lo malos que somos los españoles y más los de Madrid?
Nos damos una vuelta por el pueblo. Están arreglando y limpiando las fachadas de grandes casonas. No sé si habrá alguna política de ayudas públicas como sucede en algunos pueblos de España; por ejemplo en el mío.
Buscamos el sitio desde donde salen los autobuses para Mardin y su horario y le voy a preguntar al único mudo del pueblo pero debe ser como el controlador de la parada de las furgonetas y nos lleva a una oficinita donde un amable anciano nos informa.
Lo que no está claro, por lo menos hoy sábado, es lo de las comidas. El restaurante que nos han recomendado está cerrado por obras. Preguntando nos dirigen a uno pequeñito donde comen en una mesa unos jóvenes albañiles. Les pregunto por su plato: “lahmacun”, que es como una “pide” pero todavía más delgadita.
Los jóvenes eran de Diyarbakir. Debe ocurrir como en España que cuando en algún pueblo pequeño hacen alguna obra importante (o muchas pequeñas, como aquí) necesitan traer trabajadores de ciudades alejadas. Uno de ellos nos pregunta lo típico, que de dónde somos. Vaya, me imagino la pregunta en turco porque contesto que “Ispanya” y me sonrieron satisfechos. Los más lanzados me preguntan si Barcelona o Real Madrid e incluso el otro día me dijeron “Osasuna”. Pues éste de hoy me dice que “Daniel Güiza”. Ni idea de quién debe ser pero seguro que es un futbolista, que parece que es lo único que sabemos hacer los españoles en el imaginario colectivo turco. (Y laosiano y camboyano y…). Como ve mi cara de sorpresa me dice algo así como “¿Pero no eres español?”. Le digo que sí, que “Ispanya” y me vuelve a decir que “Daniel Güiza”. Y Marisa tampoco me sirve de gran ayuda en estas situaciones, o sea que he quedado como un indocumentado.
Para acabar en la furgoneta de regreso el conductor me suelta una alineación completa de futbolistas.
Al llegar al hotel nos han cambiado de habitación. No es para tirar cohetes pero está mejor que la de ayer.
Volvemos al centro de Mardin para acabar de ver lo que no visitamos ayer.
La mezquita más importante, la “Ulu Cami”, está cerrada por obras. En otra, la Latifiye Camii, que tiene un bonito patio, es la hora del rezo y no es recomendable su visita en esos momentos. Nos quedamos con la visión de su fuente, “şadırvan”, situada al fondo de una especie de caño.
Tomamos un té en la misma terraza que ayer y el camarero -¡qué listos son!- nos recibe con un “¡hola!”. Hay mucha animación en la calle principal y se ven grupos de turistas turcos. Occidentales, con la excepción de las abuelitas de ayer, ninguno.
Volvemos a la zona del hotel y vamos a un garito de internet. Lo mismo que ayer; son la gente más amable del país y los más inútiles: no saben quitar o deshabilitar los filtros que nos impiden conectarnos a Flickr o a Terra. Dos webs por lo visto muy peligrosas.
Nos vamos a cenar y por primera vez hay dos mesas con un montón de chicas jóvenes en cada una. Y solas, sin varones. Cenando nosotros han entrado dos grupos más. Así que hemos estado elucubrando sobre la singularidad del evento. Yo pensaba que quizás era como la Santa Águeda turca en que, por lo menos en mi pueblo, todas las mujeres se van a comer o cenar a los restaurantes como si no hubiesen salido de su casa en su vida. Seguro que si preguntas te dirán que es una costumbre ancestral: por lo menos tiene 15 años.
Pues aquí venga darle vueltas. Aprovecho que hay un camarero que intenta hablar algo conmigo para preguntárselo: son un grupo de turistas de Erzurum. Me he quedado con las ganas de hablar con ellas. ¿Qué hace un grupo de erzurumíes en Mardin?
Estudios de población: Nüfüs de Mardin 82400.
PD
En todos los pueblos por los que hemos pasado había un cuartel de la gendarmería. Lo curioso es que estaba protegido totalmente con sacos terreros y que en las cuatro esquinas del recinto así como en la puerta de acceso había un número con casco de guerra, detrás de los sacos y se les veía con un chaleco antibalas gordísimo como para parar la munición de un tanque.
07/11/2011 a las 00:36
Algunos parecen estar siempre en campaña…