15. De Midyat a Mardin.

by

1 de abril del 2011.
Nos vamos del hotel de Midyat y el que encontré en la recepción cuando llegamos, y que se acordaba de mi primer viaje, se despide a la turca: con dos ligeros cabezazos que sustituyen varonilmente al contacto de las mejillas.
La otogar está al lado del hotel y eso es una ventaja importante. Nada más llegar ya sale un microbús para Mardin. Nos dicen el precio en liras antiguas: ya sabes, una lira nueva, un millón de las antiguas. Tan nuevas que el cambio ocurrió en el 2005. Antes era muy frecuente que te diesen el precio en las antiguas pero en este viaje ha sido la primera vez.
En la carretera pasamos a una pareja que va en moto, transporte muy poco habitual en esta zona de Anatolia. La mujer, que obviamente viaja de paquete, va sentada al estilo amazona y por supuesto sin casco. Me hace recordar que en los finales 50 y primeros 60 las mujeres españolas viajaban así, incluida mi madre. Ahora no lo hace nadie, no sé si por seguridad o es que está prohibido hacerlo así por el código de la circulación. Y si tenías bicicleta sin portamantas y llevabas a un amigo –ni pensar en llevar a amigas- también iba sentado en la barra al estilo amazona, pero eso era por razones obvias.
Pasamos por tierras pedregosas muchas de ellas sembradas de cereales. Veo a un campesino anatolio arando con un caballo y un arado romano.
En los microbuses turcos el personal paga en cuanto sube, al revés que en la India que parece que juegan al despiste. En los vehículos que no llevan cobrador, como el de hoy, la gente que sube durante el recorrido entra, saluda con el “salam alaykum” y se sienta. Obviamente le toca uno de los últimos asientos; entonces le da al de delante le dinero para que se lo pase al otro y así hasta el conductor. Este, si no está hablando con el teléfono celular, devuelve el cambio en sentido contrario. Si tienes la suerte –mala- de estar sentado en una posición intermedia y en el eje del conductor te puedes pasar el viaje dando y recibiendo dinero si como hoy hay bastante trasiego de pasajeros.
Llegamos a Mardin y volvemos al hotel donde estuve la primera vez. No estaba en mi lista de recomendados pero es que no había muchas opciones.
Al revés que Midyat, Mardin es bastante turística pero la oferta se dirige a “hoteles boutique” en la parte antigua. La guía solo habla de uno en la parte moderna que es donde estamos. Además están en obras y nos han dado una habitación bastante mala. Encima el de la recepción era algo borde y no hablaba una palabra de inglés. El del turno de noche, simpático y con inglés nos ha dicho que mañana nos cambiará a una habitación mejor.
Nos vamos a hacer el recorrido turístico y enseguida me encuentro a uno que me dice: Xavi, Casillas y varios nombres más que desconozco. Ya sé que siempre me quejo de lo mismo pero estoy loco porque alguien me diga: Don José Echegaray, Don Santiago Ramón y Cajal y Don Mario Vargas Llosa. Por ejemplo. Y encima Marisa me recrimina por la cara que pongo cuando me abordan con el tema fútbol. Pues al acabar el día en una agencia de autobuses uno me dice: “Guti, Beksitas”. La compañera de trabajo ha debido verme la cara porque me dice que es un fanático. Al final me tendré que leer la biografía de ese Gutierrez para poder conversar con los turcos.
Regreso al turismo.
Iglesia de los 40 Mártires
Primero vamos a visitar la iglesia de “Los 40 mártires”, Kırklar Kilisesi. Cuando llegamos están saliendo un grupo de fieles comiendo trozos de pan. Pienso que quizás sea como en mi pueblo el día de San Blas, el 3 de febrero, que en la iglesia dan galletas bendecidas que van muy bien para los males de garganta, de los que el santo es patrón. Estaba preocupado pues quizás era como en España que debías rezar un padrenuestro antes de comerte la galleta y si tenía que decirlo en arameo no llevaba encima la estampa que me dieron ayer con esa oración. Pero a pesar deque ha sobrado pan y de lo generosos que han sido los turcos en este viaje nadie nos ha ofrecido un trozo. Es más, se ha quedado un mozo en la iglesia con una bolsa con el pan sobrante y ha estado esperando impaciente que acabásemos de verla (y fotografiarla) para cerrar. O sea que si llegamos dos minutos tarde nasty de plasty.
Visitamos el barrio que hay alrededor de la iglesia y es impresionante. Todo son palacios aunque habitados por gente humilde en la mayoría de los casos. Dentro de unos años esto será un feudo de artistas y hoteles “con encanto”, pues algunos de los palacios parecen fantásticos aunque solo los vislumbramos: están rodeados de altos muros que impiden ver el interior.
Pasamos por el museo y aunque la guía dice que abre de 8 a 5, está cerrado al mediodía. Quizás por ser viernes. Así que nos vamos a comer. Al pasar por una pequeña mezquita que está en la calle principal vemos a varios fieles rezando en la calle: es la hora de la oración el mediodía y no caben en el interior.
El restaurante elegido tiene unas cabezas de cordero encima de la vitrina, algunas enteras y otras partidas por la mitad. Esto de las cabezas era algo corriente en España hasta no hace muchos años pero ahora no se ve. Imagino que a las almas sensibles les molestará su visión.
Regresamos de nuevo al museo, que es más interesante por el edifico que por su contenido museístico aunque está muy bien presentado. Era la sede del obispado católico. Ahora hay una iglesia católica al lado pero está cerrada.
En el museo, en su apartado etnográfico, hay una serie de maniquíes representado la ceremonia de la toma de la mirra. ¡La mirra! Esa ha sido para mí una palabra mágica y de significado no solo desconocido –hasta hoy mismo no sabia lo que era-, sino incluso misterioso: “oro, incienso y mirra”. Desde mi infancia esas tres palabras iban siempre juntas y enseguida supe que era el oro, por el anillo de la boda de mis padres y por los dientes de algún conocido; el incienso, por las ceremonias litúrgicas donde se empleaba con profusión y cuyo olor se me ha quedado troquelado en el cerebro; pero la mirra, ¿que era la mirra? Pues según el DRAE es “Gomorresina en forma de lágrimas, amarga, aromática, roja, semitransparente, frágil y brillante en su estructura”, cosa poco útil para regalarle a un recién nacido, aunque sea hijo de Dios. Pero según el museo de Mardin, Mardin Müzesi, es café amargo. Y se escribe con la i sin punto turco: mırra. Vaya que tampoco parece muy recomendable para un recién nacido.
Pasamos por la calle Cumhuriyet (todas la ciudades turcas tienen una calle importante con ese nombre y es que significa “República”) y hay edificios en restauración que son una maravilla.

Llegamos a la madraza Sultan İsa, uno de los edificios más bonitos de esta ciudad.Rosarios en la madrazaEn mi viaje anterior se podía subir a una terraza desde donde había unas vistas maravillosas sobre la llanura de Mesopotamia y además podías observar la perfección de su cúpula. Pues ahora una neblina cubre todo el territorio y además no se puede subir a la terraza. Y esto es algo general en muchos sitios: en lugar de ampliar las posibilidades, las vistas, las visitas, lo que hacen los responsables culturales es restringir su acceso o más fácil todavía: prohibirlos. Y a veces puede tener una explicación por la seguridad de los visitantes o para evitar el deterioro del recinto, o… Pero creo que en muchos casos es solo para demostrar el poder del que lo tiene o porque es más fácil prohibir algo que solucionar los problemas que puede implicar que aquello esté abierto. Porque en definitiva el que tiene el poder político o económico, siempre podrá acceder allí: “Don Manuel, esto esta cerrado pero para usted haremos una excepción”. Y el poderoso lo ve y no le preocupa que el resto del mundo no tenga tanta suerte. Es más: para él, es una muestra de su poder y una ventaja que tiene su cargo. (Y de paso el mierda que por no solucionar el problema hace que no podamos verlo queda como un señor).
Después visitamos correos. La guía dice que es “la más impresionante oficina de correos de Turquía”. También que está en un antiguo caravasar del siglo XVII. Ahora han dejado una pequeña parte como correos y el resto lo han restaurado y pertenece a la universidad. Un precioso palacio del que una placa dice que se llama “Sahtana Ailesi Evi”, que es de 1890, y que fue construido por el famoso arquitecto Lole como una residencia para la familia Sahtana. Ha sido edifico de correos desde 1953.
Oficina de correos. Casa de la familia SahtanaNos sentamos en la terraza de una tetería y se sientan en la mesa contigua tres señoras occidentales muy, muy mayores y con problemas importantes de movilidad. ¡Qué huevos le echan algunas mujeres! Al poco aparecen el resto del grupo, todas de parecidas edades aunque se mueven algo mejor. Una de ellas se sienta a nuestro lado y charlamos un rato: son australianas y viajan con un guía británico joven y un turco. En el grupo son todo mujeres menos dos hombres: un soltero y otro que viaja con su mujer. Es extraño un grupo así viajando por esta parte del país, que aunque estén en un buen hotel, implica un montón de inconvenientes.
Seguimos buscando un par de mezquitas y nos encontramos con un grupo de chicas y la que debe ser su profesora de dibujo. Resultan más interesante estos encuentros personales que muchas cosas que vemos.
Con las jóvenes y la profe
En una mezquita nos hacemos fotos con un grupo de tres turcos. Charlo un poco con uno sobre las ventajas o inconvenientes del cambio de los caracteres árabes por los latinos. (Recuerda, imposición de Ataturk en los años 20 del siglo pasado). A mí me parece obvia la ventaja pero aquí, en esta parte del país, hay bastante gente que se reconoce como “turco-árabe” y quizás no les guste tanto el cambio. Nuestra pequeña discusión ha acabado con que los caracteres caligráficos árabes son más bonitos pero los latinos son más útiles.
El día turístico ha finalizado con la visita a la mezquita y madraza de Hatuniye y la mezquita de Melik Mahmut, ambas muy bien restauradas. Por cierto que en ésta última había media docena de abuelos leyendo, seguramente, el Corán y uno de ellos se ha levantado para salir y entonces ha visto a Marisa y se ha quedado como escondido en una capilla lateral. Cuando Marisa se ha apartado de su camino hacia la puerta ha salido como una flecha, pero mirando, con la cabeza muy torcida, hacia la pared para evitar verla. Tendría más de 80 años. Increíble.
20110401

3 respuestas to “15. De Midyat a Mardin.”

  1. Avatar de jose luis jose luis Says:

    …cuyo olor se me ha quedado troquelado en el cerebro. Qué descojone me he pasado leyéndolo!
    …la más impresionante oficina de correos de Turquía, antiguo caravasar del siglo XVII!!! y termina como universidad, bravo, muy curioso esto.
    En Madrid hubiera terminado siendo el nuevo Ayuntamiento.

  2. Avatar de Al de Turquía Al de Turquía Says:

    José Luis, piensa que tu alcalde, el Sr. Ruiz, necesita de un lugar representativo de su poder (y de su ambición) donde poder mostrarlo y qué mejor que ese palacio, que nada menos que Trosky llamó » Nuestra Señora de las Comunicaciones». Además si lo hubiese convertido en una universidad habría sido en un privada, así que por lo menos se queda en un edificio público.

  3. Avatar de torpedo torpedo Says:

    Ángel,

    ¿no le estás tocando el culete en la foto a alguna zagala? la mano no se ve y la sonrisa te delata…

    Ay… pobres progres prodigando problemas sobre representantes públicos.

Los comentarios están cerrados.