Erzurum.
Llegar a esta ciudad en esta época del año a las 4 y media de la mañana puede ser una putada. Primero la duda de si debemos bajar o no del autobús pues aunque es la otogar de la ciudad a la que vamos hay un grupo de viajeros que no se baja y entonces te queda la duda de si luego ese vehículo se irá al centro, que está a 2 km, como otras veces ha ocurrido. Afortunadamente el sastre piadoso nos ha tomado bajo su protección y nos lleva al interior de la estación al despacho de la compañía de autobuses con la que viajamos y nos dice que él también va al centro y que pronto un “servis” nos llevará allí. Por supuesto él no habla inglés y yo de turco solo sé decir “té” y poco más. Pero nos hemos entendido.
“Servis”. Cuando la otogar está lejos del centro, lo que es frecuente en las grandes ciudades, las compañías de autobuses suelen tener un servicio de microbuses para llevarte hasta allí desde sus oficinas de venta en la ciudad.
A las 5 cogemos el “servis” y nos vamos a un hotel que es de la misma compañía que el autobús: completo. Se te queda una cara de tonto a esas horas…Lo único bueno es que igual que anochece enseguida también amanece muy pronto así que a las 5 es de día completamente aunque las calles están vacías.
Me voy al hotel donde estuve en mi primera visita: también completo.
Regreso al hotel primero y el recepcionista, al que hemos despertado cuando hemos llegado, me dice que si me quiero esperar a las 9 ó las 10 en que los clientes se marchan tendremos habitación: todavía no se había dado cuenta de que ya estábamos en otro día y de que nosotros queríamos la habitación para el nuevo. Nos dice que mientras tanto nos quedemos en el hall y veamos la tele. Debe pensar que eso de ver la tele es muy importante pues nos busca una cadena en inglés. Era de esas de teletienda pero en la que solo vendían una pistola para pintar. Claro que en España pasa algo parecido con las nuevas cadenas de TDT: la mitad son de tarot y la otra mitad (o casi) son de extrema derecha, pero todas venden un solo artículo.
En cuanto compruebo que el recepcionista bondadoso se ha quedado dormido apago la tele pues no quería hacerle un feo.
A las 7 se despierta –empiezan a llegar los suministradores- y nos dice que podemos desayunar en el hotel. Le pregunto el precio y me contesta que “no problem”. Y es que no habla una palabra de inglés. Ni los números, que me los escribía o me los señalaba en un reloj de pared. Pero el desayuno creo que será el mejor de todo el viaje.
Damos nuestra primara vuelta por Erzurum con las calles casi vacías. Le enseño a Marisa las cosas notables de la ciudad y con mucha menos nieve que en mi anterior visita, pero todo está cerrado menos unos limpiabotas callejeros que tienen los puestos más bonitos de este país.

Uno de los edificios más importantes de esta ciudad es un antiguo seminario mongol de comienzos del siglo XIV ahora convertido en museo etnográfico: cerrado. Tras mucho preguntar me entero que es que lo están arreglando.

Otro de los edificios notables es la Gran Mezquita. Pregunto a uno que sale si pueden entrar mujeres pues hay un letrero en la puerta que dice algo de ellas. Vaya, que conozco la palabra “mujer”, “bayan”, imprescindible cuando viajas con una, por los lavabos. Me dice que sí, que pueden entrar pero que esperemos 10 minutos porque ahora es la hora del rezo. Piensa que esta ciudad tiene fama de ser muy conservadora y religiosa. Y no te digo nada como califica Pamuk a los erzurumíes en su novela.
En la espera en la calle nos contacta un señor muy amable que, como no podía ser de otra manera, imagino que quiere vendernos algo. Es un tío simpático y que habla un buen inglés y que parece que su único interés en la vida -por lo menos hoy- es charlar con nosotros y ayudarnos. Como me dice que se llama Nuri aprovecho para decirle que en España es un nombre de mujer, una contracción de Nuria. Pues resulta que en Turquía Nuria también es de mujer y Nuri de hombre. O sea, como Luis y Luisa.
Es un guía de montaña y todos los años lleva a grupos –muchos de españoles, me dice-desde Turquía a Pakistán pasando por Irán. ¡Anda ya! Esto no se lo digo pero lo pienso. Yo me creo que haya gente que quiera ir de Turquía a Pakistán, e incluso que alguno lo intente, pero ¿en grupo con un guía…? Esa gente va sola o todo lo más en pareja. ¿Tú conoces a algún grupo de españoles que lo hayan hecho? No que se lo haya creído; que lo haya hecho. Me recordó que hace años había bastante gente que te decía que en un viaje a Tailandia habían contratado una excursión que los habían llevado por la selva a un punto por donde se pasaba a grandes plantaciones de opio en Laos. Todo muy secreto y muy peligroso. Y me temo que muy caro dado el “peligro”. A ti te cogen en Tailandia, te meten en una furgoneta, te hacen andar dos horas por un camino lleno de barro y te dicen que estás en Laos habiendo pasado por un lugar de la frontera donde no había nadie y claro tú puedes estar en Laos si te lo crees firmemente. Pero con la misma fe puedes pensar lo mismo en la Semana Asiática de El Corte Inglés. Que la fe es un sentimiento muy fuerte y de las tres virtudes teologales es la que menos desgasta.
Pues los españoles que van andando de Turquía a Pakistán lo mismo. Si hay alguno.
Para acabar de convencerme me dijo que en realidad era ferroviario pero que hacía un trabajo tan duro que solo trabajaba 6 meses y los otros seis en que no lo hacía es cuando se dedicaba a “pasear” a los extranjeros. Fue una charla curiosa aunque no le “compramos” ninguna idea de viaje.
Afortunadamente salieron en tromba los fieles de la mezquita –los musulmanes siempre entran apresurados a rezar y también salen de la misma manera- y dejamos al guía ferroviario. Por cierto que no salió ni una mujer del rezo del mediodía. Eso es algo que siempre me ha sorprendido de la piedad otomana en contraste con la española. Aunque ninguna de las dos religiones las quiera. Así dentro de esta mezquita, como en todas, hay un corralito para ellas. Si ya me resulta difícilmente comprensible como puede haber mujeres católicas o budistas por la manera en que son postergadas dentro de esas religiones, ya me es totalmente incomprensible que haya mujeres seguidoras del islam. ¡Mira que meterlas detrás de una empalizada en un rincón…!

Visitamos el castillo desde donde se divisan las montañas que rodean esta ciudad y están todas cubiertas de nieve. Hay unas pistas de esquí donde van sobre todo rusos. ¡Cómo sino hubiera nieve en Rusia! Pero si no hace un día claro no es una visita que recomiende pues es un recinto sin ningún interés excepto la torre que sirve de mirador.
Volvemos a calle principal de Erzurum y es un hervidero de gente. Nos recuerda la España de nuestra niñez, claro que cuando anochece, y lo hace muy pronto, casi todo el personal desaparece. No sé que pasará en verano.
Visitando el seminario de las torres gemelas se nos acerca un amable erzurumí. Habla alemán pero casi nada de inglés. Ha estado trabajando como emigrante en Alemania: No le gustan los nacionalismos ni las religiones, cosa sorprendente en esta ciudad tan musulmana y con tanta población kurda, aunque quizás sea por eso. Al final ha resultado que tenía una tienda.
Un ratito de internet y estando allí oímos a un grupo gritando por la calle. Son jóvenes y como algunos llevan unas grandes bufandas deduzco que es por algo de fútbol.
Vuelvo a mirar en la web la previsión meteorológica y siguen las malas noticias: mañana va a llover, pasado a llover y nevar y al otro a nevar. Y encima ha bajado notablemente la temperatura. ¡Qué dura es la vida del turista profesional!
PD.
Esta mañana cuando paseábamos por la calle principal nos han tocado el claxon repetidamente: era “nuestro” sastre de ayer que se ha alegrado mucho al vernos. Lástima que tenía un coche de policía detrás porque si no seguro que se baja y nos presenta a su mujer.
19/10/2011 a las 20:48
¡Qué bonita foto la del puesto del limpiabotas!
¿Cómo consigue Marisa hacer fotos de los fieles de las mezquitas que tienen ese aspecto tan poco amigable? ¿Basta con el Ángel guardián?
21/10/2011 a las 21:01
Carmen, tengo que reconocer que para Marisa es más fácil hacerle la foto al limpiabotas que al fiel orante. Y el Ángel guardián ayuda.