Casi no me voy. Ayer titulé la crónica, como siempre,”Me voy”, pero hoy el título debería ser éste: “Casi no me voy”.
Teníamos un billete para marcharnos con BA a Tokio el día 12 de marzo a las 7 de la mañana. Todo preparado: el “JP Rail Pass”, algunos hoteles reservados y un plan de viaje bastante detallado, lo que puedes hacer en Japón pero no en la India, por ejemplo. Y por supuesto nuestras tres mochilas en el recibidor de casa.
Y entonces nos despertamos el viernes día 11 de marzo –terrible fecha- con la noticia del terremoto y el maremoto. ¿Qué hacíamos? Nuestro viaje previsto empezaba en el sur y finalizaba en el extremo norte y la catástrofe había sido en Sendai por donde no pensaba pasar. Además mis dos viajes a Japón me han hecho conocer a sus habitantes y sé lo organizados que son. Rápidamente escribí a mi amigo Hiro, que vive cerca de Tokio, y me dijo que las noticias eran más alarmantes de lo que era en realidad aunque puntualizó que en su vida había sentido un terremoto semejante. Y encima Sendai está a unos 400 km de Tokio.
Llamamos a la compañía aérea la mañana del 11 y nos permiten retrasar el vuelo una semana, estaba convencido que el 19 de marzo, san José, todo estaría resuelto pues se hablaba de pocos daños y accidentados. Pero entonces apareció el problema y la angustia de las nucleares y de que el terremoto había sido peor de lo que se creían. Las noticias que me enviaba Hiro ya no eran tan optimistas y las de los medios de comunicación horribles. Así pasamos el fin de semana y el lunes la compañía aérea nos permitió cancelar los billetes, cosa que por el contrato de venta no se podía hacer. ¡Bien por British Airways!
Cancelamos los hoteles y hasta la agencia que nos había vendido el pase de ferrocarril admitió su devolución sin penalización.
Y así pasamos de un “Me voy” a un “Me quedo”. Pero el mismo día que cancelamos el viaje a Tokio buscamos un nuevo destino. Fue fácil la elección: Turquía. Habíamos estado dos veces antes, una en la costa del mar Egeo, Capadocia, Konia y Ankara, y otra en el mar Negro y las montañas de Kaçkar. Y siempre en Estambul. Yo había vuelto dos veces más pero solo, en las que ya escribí mis crónicas en este blog: una en el 2006 en el Mediterráneo sur y algo en el centro de Anatolia, y en el 2007 por el noreste y sureste. De ambos viajes le había hablado mucho a Marisa, así que allí nos vamos: Turquía 2011.
La verdad es que ha sido un cambio bastante brusco, un viaje sin apenas preparación y con el espanto de ver lo que está sucediendo en Japón. Mi querido Japón.
Lo único que tenemos seguro del viaje es que lo acabaremos con unos días en Estambul, así que busco un hotel para esas fechas. Hasta ahora siempre iba al mismo pero quiero buscar otra opción pues ese hotel solo tiene una ventaja sobre el resto de su entorno: sus desayunos en una terraza que da sobre la Mezquita Azul.
La primera sorpresa es que muchos ya están completos para dentro de un mes y es que nosotros regresamos a casa el Domingo de Ramos y entonces ya habrá muchos turistas que habrán llegado ese fin de semana.
Otra sorpresa: el esquema de los precios de algunos hoteles o mejor su filosofía. En uno dice: “el precio varía según la disponibilidad. Se incrementa conforme se va llenando”. Así, por ejemplo, la habitación doble cuesta de 109 a 129€. Y el precio no ha sido una sorpresa, pero casi, pues lo sabía de otros viajes: Turquía no es barata y Estambul todavía menos.
En mi búsqueda de hoteles encuentro el comentario de un cliente: “uso de mal objetivo”. Esta es una web que tiene traducción automática como una vez descubrí al respecto con la palabra “costilleta”. Así que busco el comentario original: “bad goal usage”. Pero es que incluso en inglés creo que está mal escrito y que debería ser “coal”, pues el comentario tenía que ver con la polución del ambiente. Así que cuando escribas comentarios sobre los hoteles no cometas errores que al traducirlo puede salir algo increíble.
N. B.
Un consejo para tu próximo viaje a Japón.
El ”Japan Rail Pass” (JPRP) se debe comprar antes de llegar a Japón, o sea aquí y tiene una duración de una, dos o tres semanas. Y yo te diría que si te vas a mover por el país es casi imprescindible, aunque cuesta un pastón, sobre todo el de 21 días. Se vende en varias agencias de viajes de Madrid y Barcelona, casi siempre especializadas en viajes a ese país o bien directamente japonesas. El precio oficial es en yenes pero, obviamente, te lo cobran en euros. Pues cada una de las agencias tiene un precio y la diferencia puede llegar al 5%. Cada año lo he comprado en un sitio diferente pero son siempre extraordinariamente eficaces y amables: parece que estás en Japón y no en el bronco Madrid.
PD. En el post anterior escribí:
«debería marcharme a Encédalo, una de las lunas de Saturno que acabo de descubrir.» Lo leo y me parece pretencioso y falso, que yo no he descubierto Encédalo, que lo hizo Friedrich Wilhelm Herschel, sino que no sabía de su existencia hasta ese momento.
Por cierto que aparece como «Encédalo» y también como «Encélado».