50. Bangkok. Regreso. Día 7, segunda parte.

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Lak Meuang. Es el lugar donde está el pilar de madera erigido por Rama I para representar la fundación de la ciudad. Desde allí se miden las distancias a los lugares sagrados del país. Como el kilómetro cero de La Puerta del Sol de Madrid pero en religioso.Lak Meuang

Está lleno de personal rezando y haciendo ofrendas. Hay una oficina en su interior en la que tienen un menú como los de los restaurantes, con fotografías y con los precios de las ofrendas.  Y eso está muy bien porque así nos podemos enterar de las distintas posibilidades.

Lak Meuang.

Lo más barato son tres palitos de incienso por solo 5 bahts y lo más caro una bandeja de 60 donde hay los tres palitos, que debe ser algo ritual, unas guirnaldas que me parecen de crisantemos, un ramillete con un par de capullos creo que de loto y una botellita de aceite de un cuarto o un tercio de litro.  Y cada cosa va a un sitio. Así el aceite lo vierten en unas grandes lámparas y las flores las dejan cerca de una estatua de Buda o del pilar sagrado. Como ponen tantas vienen unos empleados del templo y las recogen de vez en cuando en unas grandes bolsas de basura. Aunque acaben de ponerlas. Sí ya sé que un regalo y más a cualquier divinidad debe ser algo inútil y sin ningún fin pero me daba mucha pena ver como se desperdiciaban todas esas flores.  Porque en una casa, sea en una maceta o en un florero, o en el campo sirven de gozo para el que las ve, pero allí en cinco segundos en el saco de la basura.

Y de allí nos vamos a la joya de los templos de Bangkok con permiso del palacio real, el Wat Pho. La guía remarca esas cosas que todas remarcan: el más antiguo y grande de Bangkok, el Buda reclinado más grande y la colección de imágenes de Buda más grande de Tailandia.

Wat Pho.

Pero dice que su mayor atractivo es que es una atracción menos importante que Wat Phra Kaen, que es el templo del palacio real, y que es el lugar a donde van todos los turistas que llegan a esta ciudad. Pues a pesar de eso nos hemos encontrado con varios ganchos que intentaban que no fuésemos a este templo. Por un momento he tenido la sensación de estar en alguna ciudad de la India, sobre todo en Delhi, donde intentan dirigirte hacia donde no quieres ir. Y también, como en la India, he tenido la desagradable sorpresa de que la entrada para los tailandeses es gratis y a nosotros nos cuesta 50 bahts. ¿Qué eso no es nada? ¿Sabes cuál es el resultado de dividir 50 por cero? Infinito. Eso es lo que he pagado yo en relación a un tailandés. Y esas muestras de multiculturalismo me molestan bastante.  Así sugiero, como he hecho con los indios en mis crónicas de allí, que a los tailandeses les cobre 50 mil euros –lo más parecido a infinito para su economía doméstica- por cualquier entrada cultural en Europa.  Porque este templo es una maravilla pero no es un lugar de culto: el 80% de los visitantes éramos turistas occidentales. Pues a pesar de eso te siguen machacando con lo de descalzarte y a algunas señoras no les dejaban entrar en el interior de alguna capilla si el guardián de la moral consideraba que enseñaban demasiado los hombros. Y esto en Tailandia y que en el budismo los monjes siempre llevan un hombro descubierto. Y es que la pudibundez eclesiástica no tiene fronteras.

Wat Pho.

Se me acerca un escolar con un cuaderno para hacerme una entrevista. La segunda en pocos días. Y la del peor nivel de inglés que recuerdo. El Sr. Aznar a su lado parecería recién salido de Pentecostés.  Le entendía tan mal que el pobre chico me tenía que dejar leer el guión con las preguntas que me hacía. Y encima algunas estaban repetidas.

De vuelta al hotel pasamos por una carpa donde hay un centenar de astrólogos, echadores de cartas, quiromantes y similares.

Descanso y paseo por el barrio. Descubrimos una calle paralela a Khao San también invadida por occidentales pero con una densidad menor de éstos. Debemos ser como un cáncer para este barrio.

En la tele del hotel descubro una meteoróloga de la CNN que se llama Lola Martínez pero que no tiene aspecto de hispana.

De la disciplina budista.

El librito que me regaló una fiel budista en Wat Mahathat tiene algunas cosas muy interesantes y otras muy sorprendentes.

Fue redactado en el año 2000 y no sé si su contenido se refiere a los principios que debe seguir un budista en el siglo XXI o las que debía seguir hace 27 siglos cuando vivió Buda. Porque hay cosas que parecen muy modernas pero otras me dejan muy preocupado.  Algunos son preceptos que podrían ser de cualquier moral natural, tipo “no robar”, “no matar”, “no mentir”,…Luego hay una parte dedicada a enseñarte a elegir a tus amigos. Y esto se hace de dos maneras: reconociendo a tus falsos amigos (¡ay cuántos sinsabores y desengaños me hubiese evitado en mi vida de haberlo leído antes!) y reconociendo los verdaderos amigos. Y da las instrucciones para ello.

Tiene también partes poéticas como cuando explica que “uno debería ser diligente ganando y guardando como las abejas recogen néctar y polen”. (Eso no se les ha ocurrido como lema de mercadotecnia ni a Ibercaja ni a Caja Madrid, mis dos cajas). Pero lo que no me gusta nada es la parte de relación del empleado con su empleador o jefe:

1. Empezando a trabajar antes que él.

2. Parando de trabajar después que él.

Pues será muy budista pero no estoy de acuerdo.  Una cosa es que no tengas más remedio que hacerlo    y otra que sea un camino para ganarte el cielo. Porque también podría decir lo mismo en la sección de lo que tiene que hacer el jefe con el empleado, que no lo dice, aunque se correría el peligro de que si ambos fuesen buenos budistas se les hiciese de día sin que ninguno acabase de trabajar. Como cuando una pareja empieza a salir y hablan por teléfono: “Venga cuelga tú”, “no que te espero, cuelga tú”. Y así se tiran 37 minutos.

Y finalmente y hablando de correspondencia tampoco me gusta la asimetría entre las obligaciones de los fieles con los monjes y de éstos con los primeros. Porque todo son cosas de sentimientos y buenos consejos pero los fieles además “deben soportar a los monjes con los cuatro requisitos: alimentos cuando piden limosna, vestidos (claramente las túnicas), albergue y medicinas. Pero por el otro lado, de los monjes con los fieles no hay nada tangible ni material, solo buenas palabras.

Por lo demás todo muy sensato.

PS.  Pensando en el hotel sobre las ofrendas que venden en Lak Meuang creo que también son una buena idea para los novios primerizos que van a las casas de las novias. Compran, por ejemplo, el pack de 60 bahts. Los tres palitos de incienso se los ponen a Buda para pedirle suerte en el intento. Las guirnaldas crisantemos y el ramillete con un par de capullos de loto se lo llevan a la novia y la botellita de aceite para la futura suegra. Y por un poco más de un euro han quedado como unos señores.

NB sobre el anterior PS.

El aceite se le podría regalar a la suegra siempre que fuese comestible que ahora que lo pienso a lo mejor como sólo es para quemar en una lámpara quizás es tipo de aquel de infausta memoria de colza desnaturalizado y la suegra lo puede tomar como una ofensa.