49. Bangkok. Regreso. Día 7, primera parte.

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Hoy es domingo, la pierna de Marisa sigue mejorando y hemos decidido hacer algo de vida de turista.

Y lo primero que debe hacer todo buen turista es desayunar. Es la forma mejor de comenzar el día. No en este viaje, que todo, o casi, ha sido fácil, pero en los viajes por la India por los horarios de los transportes u otras circunstancias a veces me quedo sin desayunar y tengo la sensación que el día no  ha comenzado bien. Pero aquí en Bangkok, y más en la pequeña cafetería el hotel parece que el día va a ser maravilloso. Y ciertamente al final del viaje recuerdas con especial agrado aquellos lugares donde el desayuno fue bueno, sobre todo si su entorno acompañaba.  Así siempre recordaremos el lago Inle por esa circunstancia aunque no fuese la única.

Mercado de los amuletos de Bangkok.

Nos vamos primero a echar una ojeada al mercado de los amuletos. Es realmente curioso que algo así se pueda mantener mucho tiempo.  Claro que yo tengo un concepto monoteísta del tema y me parece que con un Santo Cristo en cada hogar y un escapulario en cada pecho ya hay suficiente, pero si es que hay un mercado es que hay clientes y aquí son abundantes. ¿Cuántas figuras de Buda necesita tener cada fiel?  Lo que ocurre es que quizás es como la filatelia que yo solo compro un sello cuando tengo que enviar una carta y los coleccionistas compran compulsivamente. ¿Por qué hay algo más inútil que un sello que no sirve para el franqueo?

De todas maneras viendo toda aquella quincalla añadí este fenómeno a la lista de los misterios de las religiones.

Mercado de los amuletos de Bangkok.

Como vi algunas fotos de monjes ancianos que se vendían dentro de sobres de plástico transparente  pensé que a lo mejor podría vender las mías o cambiarlas por algo valioso, pues aún tengo cinco de las que me dieron en Hsipaw del monje viejecito que murió de ciento y pico años. Pero me parece que los que las vendían ponían algo más dentro del sobre, a lo mejor algo así como una reliquia, un trozo de hábito o de pelo. Yo podría haber puesto un poco de mi pelo, pero quizás hubiesen hecho la prueba de la datación por el carbono 14 y descubrirían la superchería.

Total que tengo buenas ideas comerciales pero luego no las pongo en práctica.

Al lado de ése hay también un mercado de hierbas medicinales. Es un tema que me interesa mucho pero con un idioma que desconoces y un alfabeto tan raro como el tailandés no me atreví a pedir nada. Porque, por ejemplo, cómo pido unas hierbas para la diarrea, que es una enfermedad que preocupa siempre al turista. Puedo decirlo en plan del español que cree que todos los extranjeros están sordos: D-I-A-R-R-E-A. O lo mismo pero en inglés, “diarrhoea”, pero seguro que no me entenderían. Además no sé si comprenderían si lo que quiero es pararla o provocarla.  Claro que podría decir un término más científico y que todo el mundo entiende como “salmonela”. Pero entonces puede que me diesen hierbas en plan pienso para criar salmonela en casa. O quizás salmonelas secas trituradas, como un polvo para hacerte una infusión contra el estreñimiento. Vaya, un laxante asqueroso.

En resumen que no me he atrevido a comprar nada.

De allí nos vamos al Wat Mahathat. La guía dice que mientras otros templos (“wat” es templo o monasterio budista en tailandés) son famosos, éste es como el de todos los días, vaya, el de uso.  Fue fundado en 1700 y es el centro de la secta monástica Mahanikal y tiene además una de las dos universidades budistas de la ciudad.

Wat Mahathat

Al entrar encontramos muchos uniformados y mucho movimiento. Un monje nos aborda y me explica en voz bajísima que… pues a pesar de que me agacho para estar a su altura y le presto mucha atención no logro entenderle si podemos entrar o no. Sí que se celebra algo importante y que tiene que ver con dieciocho.

Sigo “hablando” con él, bueno, insistiendo en mis preguntas y logro comprender que sí que podemos pasar.

Aquello está lleno de fieles. Bajo unos arcos con las paredes llenas de estatuas de Buda hay muchas mesas con sillas. En algunas hay monjes y novicios comiendo y lo curioso es que les sirven soldados. ¡Siempre la alianza del ejército y la iglesia! Cuando no colisionan como en Birmania.

Llegamos al templo principal y aquello está de bote en bote. Y me vuelvo a encontrar al monje de la entrada. Parece que aunque es joven debe ser alguien medio importante.  Me intenta explicar de nuevo de qué va aquello. Los “18” que no entendí la primera vez son dieciocho jefazos budistas que van a presidir la ceremonia y hay otras tantas sillas, tipo trono, preparadas para ellos a la izquierda de la entrada principal, lado evangelio que se dice en la iglesia católica, pero no sé si en el budismo tiene alguna connotación ritual. Mi interlocutor parece ser que es el que controla las llegadas pues lleva una lista y va marcando a los que llegan. Conmemoran la muerte de alguien importante, pero no logro entender si es reciente o de hace siglos. ¡Cuántos problemas de comunicación!

Yo cuando estoy con budistas fervientes les cuento que he estado en Bodhgaya y eso les encanta. Este monje me dice que hay una exposición dentro del recinto con los lugares de la India donde estuvo Buda.

En el fondo de la nave un montón de cajas con botes de Nescafé y productos similares. Son donativos de los fieles para los monjes. Los jefes que han llegado empiezan a cantar y comienza la ceremonia religiosa. Nosotros seguimos nuestro periplo y vamos a visitar la exposición. ¡Lástima que todo esté solo en tailandés! Es muy didáctica con ese toque naíf budista que la hace muy graciosa. Bastantes escolares recorriéndola. Algunos de ellos fotografían cada panel e imagino que así harán el trabajo en casa sin necesidad de tomar notas.

Hay una habitación que parece la representación de un viaje de LSD como hacían los artistas pop (quizás eran “op”) de los años 60.

Wat Mahathat  Exposición sobre Buda.
Como la exposición no está diseñada por un japonés, cuando la acabas debes desandar el camino recorrido. Vaya, que no se les ha ocurrido hacerla con una entrada y salida diferentes o bien circular.  O sea la han hecho lineal pero con una sola entrada y salida. Allí hay un puesto con señoras que explican cosas sobre Buda: una como nos ve interesados nos regala un opúsculo que se titula “The Buddhist Discipline”. Me lo tendré que leer a fondo. Una de las señoras que habla un inglés estupendo me explica lo de hoy: es el aniversario de la muerte de uno que fue jefe de este monasterio. Se celebra siempre el 3 de agosto, lo que pasa es que hoy es domingo y por eso hay más personal. Como despedida nos regala un CD con música budista. Pero de la de verdad, que la mayoría que compráis cuando venís a estos países o en las semanas asiáticas de El Corte Inglés son músicas muy bonitas y tranquilas hechas por ingleses o australianos que tienen poco que ver con las músicas religiosas.

Wat Mahathat  Exposición sobre Buda.
De allí nos vamos a Lak Meuang.

PS.

Sobre las semanas asiáticas de El Corte Inglés: esta cadena comercial ha hecho por el conocimiento en España de la India muchísimo más que la embajada de ese país, que no hace nada.

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