38. Bagán. Día 3. Primera parte.

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En este hotel hay una capilla para Buda en cada planta. Y eso que estoy seguro de casi ninguno de sus huéspedes es de esa religión. En la de nuestra planta, que es la última y que además solo tiene tres habitaciones, le han puesto ofrendas. Miramos lo que hay y descubrimos estupefactos que son frutas de plástico.  Yo no soy budista pero me parece un poco insultante o por lo menos poco respetuoso aunque recuerdo algún otro lugar, no sé si de Birmania o Camboya, donde le ponían fajos de billetes de dólares, pero falsos. Además bien mirado tampoco se va a beber el líquido del coco aunque se lo pongan natural como hacen en muchos templos. Así que puede que no esté tan mal lo de plástico. Al final será más ecológico y todo.

Desayuno.

Volvemos a los pick-ups para ir a Bagán el Viejo.

De nuevo van todos cargadísimos. Por las cantidades que llevan los pasajeros de algunos de los productos deducimos que deben ser para puestos de venta callejeros. Así descubrimos ayer que la señora que nos había regalado un caramelo en el viaje en el camioncito tenía un puesto al lado de la carretera.

Primero visitamos la pagoda Gawdawpalin. Uno de los templos más grandes de Bagán. Y aquella magnitud exterior contrasta con la capillita que alberga en su interior. Y me asalta un pensamiento que me viene muchas veces aquí en Bagán: “…y parió un ratón”. Porque algunos son templos enormes con un interior pequeñito, pequeñito.

Gawdawpalin
Estos días que nos vemos mucho con una pareja joven se me está pegando algo que emplea sobre todo José: “súper”. Así iba a decir que el interior es “superpequeño”, que debe ser un oxímoron.

Cuando vamos al segundo templo de la mañana, Bupaya, se cruza con nosotros, en bicicleta, el que le di ayer la clase de español, se para y me dice que soy su profesor y aprovecha para preguntarme un par de cosas más. Creo que el Instituto Cervantes debería abrir una sucursal en Bagán. Con las ganas que tienen de aprender el castellano y lo que les gusta el fútbol español, en cinco años sería una población hispanohablante. Pero seguro que abren centros en lugares donde la gente no tiene ningún interés. Porque aquí no son las frases graciosas de Estambul de hace unos años de “hola, hola, Cocacola” y “mira, mira, Cachemira”. Aquí te encuentras un niño “superpequeño” que intenta venderte postales y puedes llevar una conversación no muy profunda con él en castellano.

En Bupaya estuvimos también el año pasado. El templo no es demasiado interesante pero pasa por ser el más antiguo de Bagán, del siglo III, y además merece la pena la visita por la vista sobre el río Ayeyarwady que en este punto es anchísimo.

Río Irrawaddy

En España las autoridades autonómicas de educación se empeñan en que en los planes escolares aparezca hasta el último torrente de su autonomía; si ves los ríos de Asia, y lo mismo diría de los de América del Sur (que los de Norte los conocemos todos de las series de la tele y pelis americanas) o los de Africa, piensas que no deberían estudiar ni un río español. Todo lo más alguno por su valor literario pero no por el hidrológico. ¡Qué vergüenza compararlos, aunque sea el Ebro, con el Ayeyarwady!

Coincidimos en Bupaya con un grupo de turistas birmanos que viajan en un autobusillo atiborrado. Se nos quedan mirando como si fuésemos marcianos. Y eso que tenemos un aspecto de lo más corriente.

Vemos a unas señoras que están cocinando en un agujero que han hecho en el suelo. Nos ofrecen probar su guiso pero por el color lleva picante para un regimiento. Un regimiento pero de cipayos; que les gustaba el rancho muy picante.

Cocineras amables.

De una rama de un árbol cuelga un espejito atado a una cuerda. Es demasiado pequeño para mirarse y les pregunto para qué sirve: lo utilizan para molestar a los pájaros que se posan en los árboles cercanos dándoles con el reflejo del sol. En Birmania ese juego se debe llamar “jode-pájaros”. No sé si tiene algún otro fin oculto que se me escapa, pero pienso que si en mi pueblo un par de centenares de niños jugasen a eso con las palomas quizás se resolvería el problema y se irían a otras urbes donde las dejasen tranquilas para seguir destruyendo monumentos.

Luego nos vamos a la pagoda de Mahabodhy y en el camino entramos en un par de capillas pequeñitas. El aroma dulzón los delata: hay murciélagos y como son pagodas sin importancia no entra nadie y son abundantes.

Cuando estamos cerca de Mahabodhy veo una de las formas en que no viajaría: va un occidental subido en una bicicleta acompañado por un birmano en otra. Cuando pasan por delante de la pagoda el turista se baja de la bici, se la da al birmano para que se la sujete, desde allí hace una foto de la fachada, vuelve a subir a la bici y sigue camino: 10 segundos. Así puede que se haga el país en una semana y con fotografías de todos los lugares.

Mahabodhy Paya.

Esta pagoda está hecha según el modelo de la del mismo nombre en Bodhgaya, en la India. Es un lugar al que tengo que volver pues es de los más impresionantes que he visto en mi vida. Conmemora el lugar donde Buda recibió la iluminación. Allí, en Bodhgaya, nos encontramos con un budista cingalés que vivía en Vilanova y La Geltrú. Que ya es casualidad.

De allí nos vamos a Shwegugyi. Esta es una de las pocas pagodas donde está permitido subir al piso superior.

El otro día escribí sobre los medios de transporte en Bagán., que también había furgonetas pero que no había visto a nadie visitar esto así. Pues aquí nos hemos encontrado a una pareja de Alcorcón que iban en una y con guía.  Y así como lo de la furgoneta para ti solo tengo que reconocer que debe ser una comodidad, lo de tener un guía todo el día encima de ti debe ser un peñazo. Y afortunadamente el guía que llevaban no hablaba castellano porque nos explicaron que se sienta con ellos en la mesa cuando comen y están juntos todo el día. Excepto cuando se van a la habitación del hotel.

En nuestro primer viaje a la India conocimos a una australiana que iba en un viaje de esos típicos de coche alquilado con chófer, que estaba tan desesperada de las intromisiones de éste que nos pidió hablar en francés para que no se enterase él.

Yo creo que los de Alcorcón estaban un poco arrepentidos de haber organizado el viaje con una agencia pues nos dijeron que habitualmente viajaban “por su cuenta”. Esto es también una constante en nuestros viajes: cuando nos encontramos a una pareja joven que lo lleva organizado y se sienten como culpables con nosotros.  Deben pensar que si somos mayores que sus padres y vamos a nuestro aire ellos deberían con mayor motivo hacerlo también. Y eso que no les hago ningún comentario pues pienso que cada uno viaje como quiera y como pueda. Y si es una pareja como le dejen. Y si vas a El Corte Inglés y pides un viaje a Bagán y tú vas como un pincel dentro de una furgoneta con aire acondicionado, no te debes sentir culpable si te encuentras a José y Maiteni que van en bicicleta con cara de haber atravesado el desierto del Thar. (Bueno, si te encuentras con nosotros que vamos andando, un poco sí).  Lo dicho, cada uno lo que le apetezca.

Charlamos un rato con ellos y finalmente nos llevan a Nyaung U, donde vivimos, con su vehículo y les enseñamos el restaurante donde hemos cenado estos días. Porque ésa es otra: van solo donde les lleva el guía que nos dicen que son lugares caros y vacíos y no conocen ningún restaurante ni sitio “normal”.

Nosotros nos vamos al chiringuito donde comemos todos los días.

Comida

2 respuestas to “38. Bagán. Día 3. Primera parte.”

  1. Avatar de otramarisa otramarisa Says:

    En España se cuelgan CD de árboles, balcones y ventanas, también con el fin de que se asusten los pájaros, pero si les da el sol y hace viento, los reflejos pueden hacer enloquecer no sólo a los pájaros, sino también a las personas.

  2. Avatar de lepritas lepritas Says:

    Bueno quiero enviar un mensaje de apoyo viajero a vuestro nuevo encuentro asiatico de los cuales mi experiencia extrae heterogeneidad a raudales, leimos yo y ella cuidadosamente el periplo camboyano(otros tambien pero faltan para completar la coleccion) ya que anduvimos bregando por aquellos lares en septiembre y quedandonos aminorados al llegar a tailandia por el contraste y la invasion occidental que uno sufre cuando cruza la frontera, pero esperamos algun dia ir a laos y ver algo mas de camboya aparte de phnom pen y angkor(siem riep), cuyos templos no tienen nada de esmirriados eh??jue que avasallamiento de supinas sensaciones , tenia complejo de labordeta alli y todo, increible,sin mas saludos desde la costa marron y os marcaremos de cerca ella y yo amigos de un tal luigi

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