37. Cherrapunjee, día 2.

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He dormido como un tronco. Y la tienda daba gusto. No solo me la plantaron ellos, sino que me pusieron un colchón de verdad y me hicieron una cama con sábanas limpísimas y mantas. La toalla más limpia de todo el viaje. Una botella de agua con vaso. Pastilla de jabón y champú. Vaya, como una habitación de lujo pero en iglú.

Iba a decir que la toalla estaba pulquérrima porque es un superlativo que tenía ganas de usar y si no lo hago ahora no voy a tener más oportunidades de hacerlo en este viaje. Pero quizás sea excesivo.

Amanecer.La noche era tan bonita que me hubiese quedado a dormir sin tienda aunque dada la cantidad de bichos atacantes que me he encontrado estos días quizás no hubiese sido muy conveniente.

Me he levantado tempranito. El sol iluminaba las montañas que estaban enfrente y a la derecha, donde se veían grandes cascadas a lo lejos. A mi izquierda la llanura de Bangladés. Ayer por la tarde el sol se ocultó por esa llanura y los últimos rayos iluminaban todas las manchas de agua que cubren el país. Fue un gran espectáculo. Y como preveía en Technicolor ®.

Al salir de la tienda ya estaba sentada y leyendo frente al sol una señora mayor europea.

Le pregunté ayer por la noche al dueño del hotel qué excursión me recomendaba para hoy. Me dijo una pero que tenía que salir a las siete. Luego estuvimos hablando mucho rato y me dijo que la primera parte eran unos 5 kilómetros por carretera que me podría acercar él con su coche y así salir más tarde.

Desayuno.Desayuno al estilo indio sentado en el exterior. Al cabo del rato aparece el dueño. Parece que no tiene prisa y a mí se me hace violento irme andando después de su ofrecimiento. Luego se pone a hablar con la señora europea. Tiene en sus manos un libro de los mamíferos de la India. Ayer ella hizo la excursión que voy a hacer yo y vio uno que intenta encontrar en el libro. Era una marta preciosa. A ver si yo también tengo suerte y veo alguna. Le pregunto si es zoóloga. Me dice que no y busca en el libro el único mamífero que conoce: el conejo. Aprovecho para preguntarle al indio si se come en la India. Me dice que hay partes en que sí pero yo no he visto en ningún mercado. Le pregunto a ella, que es holandesa, si en su país se cazan. Se le ponen los ojos como platos: no tenía ni idea de que los conejos se pudiesen cazar. Ella va a hacer una excursión pero con guía. Desde luego con el mapa que te proporciona el del hotel tienes suficiente pero sin ese mapa o un guía no sería posible.

A pesar de que el dueño del hotel no tiene ninguna prisa al final nos vamos. Cuando estamos solos aprovecho para preguntarle que hace aquella huésped allí: va a estar dos semanas y hace meditación. Desde luego un sitio precioso para estar haciendo cualquier cosa.

Es curioso que el año pasado también encontré a otra holandesa en Sikim que iba sola. Pero aquella era muy simpática.

Tyrna. Fabricando una jaula.El plan de hoy es el siguiente: me lleva en el coche a Tyrna que está dos kilómetros pasado Mawshamok, el cual está a tres del hotel. Desde Tyrna iré a ver unos puentes de raíces como ayer y volveré a Mawshamok para coger el autobús que me llevará a Shillong. Para evitar llevar todo el equipaje todo el día, el dueño habla con una familia conocida suya de Mawshamok donde me lo guardarán. Me despido de él en Tyrna. Ha sido un tío encantador que me contó como había llegado allí, lo que en España seria turismo rural, desde un puesto de director de banco. Me contó cosas que me recordaron situaciones de mi antigua compañía en cuanto a presiones para que se fuera y dejase el trabajo. Es un señor con aspecto de galán maduro, alto y elegante. Habla en inglés con su señora pues él es del sur y ella khasi. Una cosa curiosa es que él es católico descendiente de los que evangelizó San Francisco Javier cuando estuvo en la India en el siglo XVI.

Escaleras camino de Nongriat.Imaginaba que el recorrido sería como el de ayer con escaleras de piedra resbaladizas en medio de la jungla. Decepción: son escaleras de cemento recientes. Cuando se acaban y empiezan las de piedra comprendo que son mucho mejor las de cemento aunque sean menos estéticas. Y que para la gente que vive por allí la mejora es significativa, aunque pierdan belleza visual. Además las de piedra son para los pies khasi y a mí no me caben así que tengo que bajar de lado. Y me ocurre lo mismo que ayer: la bajada es tan, tan empinada que empieza a preocuparme el regreso. Ayer era por el temor a que anocheciera y hoy porque voy con el tiempo un poco justo pues solo hay un autobús a las dos de la tarde para volver a Shillong.

Bajando me encuentro a una familia que sube y encima con carga. Así como ayer no encontré a nadie hoy voy a pasar por tres pequeñas aldeas y espero ver gente. Su única comunicación con el mundo exterior es a través de esas escaleras. No sé como resolverán el problema médico porque no veo como subir a un enfermo sino es cargado a las espaldas. Bien es verdad que todos los que me he encontrado eran más bien delgaditos. Conozco gente que si se pusiesen enfermos graves morirían allí pues no habría dios que cargase con ellos.

Llego al primer puente de hoy. El mapa lo define como “el puente de raíces más largo”. Desde luego es algo fuera de serie. Ahora no se debe utilizar o muy poco, pues para ir a la otra aldea se va por otro puente que está a unos 300 metros. Es un puente también de raíces pero que está en desuso. A pesar de eso es enorme pues es de tres tramos. Ahora lo han sustituido por un puente de hierro. Mejor, de cables de hierro. Imagínate 5 ó 6 cables de hierro como el dedo índice de diámetro puestos paralelos al suelo. Pues eso es donde pisas. Luego hay un entramado de algún cable más a los lados para sujetar la estructura y para que te sujetes tú. Y luego muchos alambres entre medio para tapar los huecos. Es realmente impresionante cruzar el río. Si entras con mucho ímpetu te tienes que parar porque aquello se bambolea bastante. No apto para personal con vértigo. Ni para ir con un gracioso. La verdad es que aunque hay muchos huecos a los lados tendrías que ser un patoso para meter el pie por uno de ellos.

Puente de cables de hierro.

Se suben y bajan escaleras y llegas a otro puente de hierro. En inglés los llaman “steel rope bridge” y la guía dice de uno de ellos en la descripción de la excursión: “…incluso para los andarines en buenas condiciones este recorrido es altamente agotador y en el camino hay “a truly hair-raising wire bridge” que cruzar”. Es algo así como “espeluznante” pero me parece una exageración. Dice que es porque está a más altura que los otros y los huecos entre los alambres son mayores. Pero además de patoso tendrías que ser Houdini para caerte al río. Pero también dice la guía: “but the scenery is magnificent”. O sea que el paisaje es la leche.

Y tras pasar un puentecito de raíces en uso llegas a la aldea de Nongriat. Que si las otras dos que he pasado estaban lejos ésta está a casi dos horas de la carretera. Y además en lugar de bordearla que dice el mapa la he cruzado entera y he tenido que saludar a todos. Vaya, eran 5 ó 6 casas. Tanto se ha debido ver mi despiste que un buen cristiano –aquí todos lo son- ha venido a decirme por donde iba el camino para regresar. Porque si después de dos horas de bajar escaleras te haces un centenar más por equivocación es para matarte.

Y allí estaba el final de la excursión: un doble puente de raíces. “Doble” porque es de dos pisos. Se llama así: “double-decker bridge”. Solo me faltaba que pasase una viejecita bien cargada para la foto. Además el sitio donde está el puente es muy, muy bonito.

Puente de raíces doble en Nongriat.

Había allí tres jóvenes cortando un tronco en tablones finos. El artilugio para hacerlo era de lo más ingenioso. Habían construido una estructura con troncos y lianas en medio del río y uno estaba arriba donde el tronco y el otro debajo y entre los dos manejaban una sierra enorme. El tercero descansaba. Lo más sorprendente para mí es que los tablones salían paralelos y finitos.

Nongriat. Cortando tablones.

La excursión dibujada en el mapa iba después a unas piscinas naturales un poco más allá pero visto que he tardado casi dos horas y la vuelta va a ser más dura y además al final tendré que hacer los dos kilómetros de carretera que he hecho en coche, decido perderme ese final y no andar angustiado al regresar.

Vuelvo a pasar por los puentes de cables de hierro y ya me gustan más. Y espero ansioso que lleguen las feas escaleras de cemento.

Iglesia católica de Tyrna.Al llegar a Tyrna paso por delante de la iglesia católica del pueblecito. Una cosa sencilla. Antes en un punto del recorrido había un pequeño cementerio católico. Pero tan pequeño que o no se mueren o los llevan a otra parte.

Y al final llego a Mawshamok. Cuando vine ayer como la compañera del bus me buscó a la maestra para que me acompañase por el camino hacia el hotel y ésta iba con tanta prisa pues no pude ver el pueblo. Ahora lo he hecho. No sé lo que pensarían a los que preguntaba en Shillong o en el autobús si había hoteles en Mawshamok. O que era un excéntrico o un programa de cámara oculta. Este pueblo tiene 6 casas en el núcleo central de la carretera y cuando he preguntado por sus habitantes me han dicho que había en total 40 casas, imagino que diseminadas por el bosque. Pero no creo que lleguen a los 100 habitantes. Ni una tienda. Nada. Sólo había un figón (un “forigón” lo hubiesen llamado en mi pueblo de lo pequeño que era) donde he entrado a tomar un té. Vendían galletas y “paan”, el betel para masticar. Las dos chicas que lo llevaban eran cristianas, una católica y la otra presbiteriana, como todos los de esta zona. Estaban preparando una las hojas de betel y la otra las nueces. Por si vienes aquí te ofrezco dos palabras en khasi: la nuez de areca se llama “kwai” y el conjunto preparado para mascar “tympew”.

Figón en Mawshamok.

Y allí he estado hasta que ha llegado el autobús, que era el mismo que me trajo ayer. Y es que no hay otro.

Me han dicho que venía de “Silla” (Shella) y como iba a “Shillong” me ha parecido como un chiste infantil.

El bus va bastante lleno pero me puedo sentar. Entre los muchos bultos hay varias canastas de pescado. Hace años en un autobús en el sur de la India me pusieron un saco de pescado del medio seco que todavía rezuma caldillo, encima de mi mochila y tuve que llevarla a una tintorería de la peste que hacía.

Y vuelven a subir y bajar gente en le camino a Shillong. Gente “pobre y depauperada”. Un joven lleva los pantalones más viejos que he visto. Pero con dignidad. Se le ha roto la costura que baja del bolsillo hacia el pie y se lo ha arreglado alguien que no es su madre: se lo han cosido por el exterior y con hilo blanco. Como el pantalón es azul oscuro parece un músico de circo, que siempre llevan pantalones con rayas de colores en los lados.

Llegamos a Cherrapunjee donde descargan el pescado y casi toda la mercancía para el mercado. A partir de ahí entramos en la altiplanicie a 1300-1600 metros de altitud que la guía define como los “moors” de Escocia. Pasamos por una zona con muchas canteras pequeñas. Emplean chorros de agua para trabajar y el río que pasa por allí se transforma de un río limpio en uno de aguas marrones.

En un pueblo suben dos señores. Uno lleva dos arcos y un tubo metálico que imagino que será para las flechas. No os lo creeréis pero se llama en castellano “aljaba”. ¿Qué se podrá cazar en estos parajes parameros con flechas? Desde luego si han cazado algo se lo han comido o es muy pequeño. No hacen como los cazadores españoles que llevan, o llevaban, una ristra de perdices y conejos colgando del cinturón. Me tienen de lo más intrigado. Si hubiesen llegado hasta Shillong los hubiese seguido para averiguarlo. Pero se bajan en otro pueblecito del camino y me quedo con el misterio sin resolver.

Llegamos a Shillong, vuelvo al mismo hotel y me voy pronto a cenar pues no he comido. Regreso al mismo restaurante que estuve la otra vez y pido lo mismo. Y vuelve a estar buenísimo.

Internet y a dormir.

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5 comentarios to “37. Cherrapunjee, día 2.”

  1. torpedo Says:

    Hola Angel,

    da gusto saber que Harrison Ford podría tener un sustituto que incluso le superaría. Podrías ilustrar el viaje con alguna foto tuya con sombrero y látigo.

    Un abrazo

  2. Carmen Says:

    Por favor no vuelvas a utilizar el término Technicolor que no va nada con tu sensuela estilo literario y nos priva de las hermosas metáforas que te saldrán si te estrujas bien el cerebro.
    Bueno, esta es una excursión que esta patosa lectora no podría realizar jamás. Por el volumen no me colaría por un agujero pero me quedaría allí enredada para diversión de paisanos y turistas.

  3. Angel de la India Says:

    Torpedo, querido torpedo, miedo me daba pensar que ya no me leías. Llevo un ridículo sombrerito azul que solo me pongo cuando hace un sol de clemencia. Lo del látigo no se me había ocurrido pero no lo veo muy útil dado que no soy proclive al sado. ¿Sirve para algo más?

  4. Angel de la India Says:

    Carmen, que sí podrías hacer cualquiera de estas excursiones. Y no te lo creerás pero te utilizo como martillo de geólogo, o sea como medida de dificultad de viajes: este lo podría hacer Carmen, este no, este sí pero cion alguna ayuda…Pues estas don de “las podría hacer Carmen”.

  5. Chiqui Says:

    Increíble la vida en esos poblados…
    Los puentes espectaculares…

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