25. Ammán, 1º de 2.

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¿Jordana? con cámara y gafas de Dior.Pensábamos habernos quedado dos días en Ammán y haber dedicado uno de ellos a una visita a los castillos del desierto. Pues nos hemos quedado cuatro noches y no hemos ido a ningún sitio. Ni casi a visitar la ciudad.
Y si conoces Ammán te  preguntarás que qué se puede hacer tanto tiempo aquí. Yo te lo digo: diluviando, muy poco. Porque ha llovido todos los días, mucho, excepto el último que sólo lo hizo por la mañana. Pero contra el tiempo, y aquí me refiero al meteorológico, no se puede hacer nada. Contra el otro, poco excepto algo de silicona, botox…Y amor y comprensión. Y paciencia.
Sí hemos hecho un descubrimiento: Darat al-Funun . Es un edificio o mejor un conjunto de ellos pertenecientes a y sede de la fundación Khalid Shoman. Se dedica a exponer y promover el arte actual del mundo árabe. Además de sus salas de exposiciones también dispone de una magnífica biblioteca.  Y de personal muy amable.
Y nada más verlo, y en un día de lluvia, nos enamoramos del lugar.

Darat-al.Funun.
Marisa está preparando una exposición de fotografía sobre un libro escrito por un amigo: “El corazón de la rocas”.  Así que siempre andamos buscando localizaciones que tengan relación con esa narración. Y ese sitio parecía el lugar ideal donde hubiese vivido el protagonista. Pero no sabíamos si se podía hacer o no fotos. Hablamos y permiso concedido. Pero para lo que no teníamos permiso era para que dejase de llover y hemos ido cuatro veces en diferentes intentos. Aquella gente debían estar alucinados de nuestra terquedad. Porque además es que no había ni un visitante.
Ya veremos el resultado.
Y además hemos visto sus exposiciones. La mejor una que se llama “Jus sanguinis”. (En latín de verdad sería “Ius sanguinis”).  Y tiene que ver con la creación del estado de Ishmael y con la del estado de Israel, del que parece una parodia. Te recomiendo que eches una ojeada a su web donde  incluso hay un formulario para pedir la ciudadanía de ese estado.   El artista creía que era libanés pero me entero en la web que es saudí viviendo en Ammán. Y creo que también  tiene que ver con la diferente apreciación del cuento de Abraham o Ibrahim y el sacrificio de su hijo, de si fue Isaac o  Ismael. Pero eso es otra historia.
También tuvimos encuentros muy interesantes.
Un día de lluvia, cómo no, intentábamos buscar un museo del que decía la guía que debería estar inaugurado el año pasado y que debía ser estupendo. (Por si lo buscas: es el Museo Nacional). No encontramos a nadie que supiese donde estaba o iba a estar. Entramos en una tiendecita a preguntar y había un anciano venerable (luego resultó que era solo dos meses mayor que yo): “¿Habla inglés?”. Pues sí y además era de origen armenio. Su abuelo había llegado allí hacía muchos años, en la época del rey Abdullah, al que parece que conocía bastante. Según nos dijo había comprado tierras porque eran muy baratas. Yo iba a decirle que en Madrid, incluso después de la época del rey Abdullah también eran muy baratas. Si yo hubiese sido el Sr. Montoro incluso le habría dicho, en confianza, que la culpa de los precios actuales la tenía el Sr. Zapatero. Y además culpable de las dos cosas, de  que hubiesen subido antes y de que bajasen ahora. Que si uno es culpable lo es para lo bueno y para lo malo.
Volviendo al señor armenio, que aquí se establecieron pero inquietos como eran, parece que la familia tuvo una particular diáspora y ahora estaban por todo el mundo incluidos sus nueve hermanos y él era el único que quedaba en Jordania. Y allí le había alcanzado la revolución digital y de ser un fotógrafo de bodas en blanco y negro  había pasado a convertirse en artesano del vidrio. Curiosamente hacía unos trabajos que vimos hace años en Móstar cuando era Yugoslavia y todavía tenía su puente desde el que se tiraban los jóvenes al río.
Volviendo de nuevo al señor armenio, que no podía luchar con los productos chinos. ¿Te suena? Pues allí estuvimos un buen rato charlando y enterándonos de que incluso la embajada turca –recuerda el problema turco-armenio– le había invitado una vez a una recepción.
Otro encuentro tuvo también como origen una pregunta por una dirección: entramos en una tienda que curiosamente también resultó ser de artesanía. No solamente charlamos con el dueño, que nos llegó a dar su número de su teléfono celular por si nos ocurría algo, sino que aparecieron dos amigos suyos, sesentones, que se incorporaron a la charla.  El dueño era musulmán y los amigos cristianos e ingenieros.  Uno de ellos había estado en España, tocaba el piano y le encantaba un compositor español del que no pude adivinar el nombre. Como sí que conocía ‘Malagueña’ la buscó en internet y se la enseñó a  sus amigos como muestra de música española.
Por ellos me enteré de que en Ammán podías conseguir cualquier programa de ordenador por 1 JD y que el centro de distribución el software pirata del oriente próximo era Damasco y que allí llegaba desde Bangkok. Bueno, eso es lo que me han contado, que tampoco sé si es verdad.
El dueño de la tienda tenía un letrero que decía que las piezas expuestas con incrustaciones de plata que eran eso, solo de exposición y que no se vendían.  Y es que estaba muy interesado en ese tipo de trabajos y parecía ser conocedor de los damasquinados de Toledo: esos sí eran obras de arte y no las que hacían en Jordania. Porque parece que en este país no hay nada de artesanía: son egipcias o sirias o marroquíes. Y la bisutería fina la hacen en la India. (Pero con diseño jordano).   Jordano de verdad eran unas piezas de madera muy feas y cosas de cerámica, pero que en algún caso estaban hechas por palestinos que vivían en Cisjordania.
Me pregunto donde harán las baratijas que compran las abuelitas del Inserso en Petra. Quizás vengan directas desde el polígono de Cobo Calleja de Fuenlabrada.
Fue también una charla muy interesante. Y además el dueño de la tienda sí sabía interpretar los mapas y nos hizo uno para regresar andando al centro, donde nos alojamos. Porque ésa es otra característica de esta ciudad: está construida sobre varias colinas pero con profundos barrancos entre ellas.  Y tú ves en el mapa la distancia que te parece muy corta pero el recorrido en coche –muchas veces hay escaleras que salvan grandes desniveles- te obliga a dar un gran rodeo.
Otra de las circunstancias agradables de esta ciudad es la gente. Y creo que he dado con su gentilicio. Si los de Calatayud se llaman bilbilitanos –y todos sabéis porqué- los de Ammán se deberían llamar filadelfios. Os recuerdo que Filadelfia fue la Ammán romana y una de las ciudades de la Decápolis.
Pues todos lo filadelfios que nos hemos encontrado o a los que he preguntado  han sido muy amables, mucho.
Y ahora os voy a contar algo que ha sucedido pero no a mí.
Mis amigos españoles del MIJE tenían un coche alquilado. Iban a devolverlo al aeropuerto a las 9 de la mañana pues su avión salía a las 11. Cuando van a coger el coche se habían dejado las luces encendidas toda la noche. Y digo ‘se habían’ porque suena en plural mayestático y para quitar hierro, porque si en lugar de ser cuatro y con muy ‘buen rollito’ es una pareja seguro que llegan al divorcio. Y no me extraña.
Imagínate la escena. Son las 8 de la mañana, tienes que devolver el coche en un aeropuerto que está casi a 40 kilómetros, el coche no arranca y encima está diluviando. Y por supuesto no hablas ni una palabra de árabe.
Estos son los dos testimonios.
“Esta mañana vamos a coger el coche a las 8 de la mañana porque habíamos quedado con el del renting del coche en el aeropuerto a las 9 y van los chicos a buscarlo para venirnos a recoger al hotel porque llovía mucho y ayer nos dejamos las luces del coche puestas y esta mañana no tenia batería. Han tenido que hacer de todo y calándose a lo bestia, pobrecillos. Han tirado el coche por una cuesta en dirección prohibida, han hablado con los guardias, etc. Y un guardia ha empezado a parar a los taxistas hasta que uno de ellos ha sacado una batería de coche y con un destornillador les ha cargado la suya y hemos llegado al aeropuerto, eso sí, con un miedo tremendo…”.
“…gente muy amable, agradable, hospitalaria y después de lo que nos han ayudado hoy, me llevo una imagen increíble de su gente. Es para verlo, cayendo chuzos de punta la gente nos ayudaba a empujar el coche, la policía también ha aportado lo suyo, ya que el agente preguntaba a todo el que pasaba, taxistas, conductores…… la verdad que nos veía agobiados, le contamos que el avión salía de forma inmediata y el policía se lo trabajó…”.
Por el texto ya se ve que el primer testimonio es de una dama –ellas siempre a cubierto- y el segundo el de un varón –ellos siempre mojándose-.
O sea que los filadelfios se portaron cojonudamente. Y eso que eran taxistas, que para nosotros ha sido el único punto negro de la ciudad como contaré en el próximo capítulo.